Comenzaba lo que para mi iba a ser la noche mágica del sábado 20 de abril de 2013, durante estos años atrás se había ido despertando en mi cierto sentimiento de confianza en sencillas deducciones e impulsos... algo así como los antiguos Toltecas llamaron “El Conocimiento Silencioso” se abría paso en mi en muchas cuestiones que me había ido planteando hasta entonces, de modo que me encomendé a este amigo revelador y confié en el impulso que me llevaba a encender la computadora a esas horas para ponerme a buscar el manuscrito del evangelio de Tomás... y visto a la luz de las conclusiones antes citadas todo parecía tomar un claro sentido que las parábolas más oscuras no hacían sino confirmar... la boca no se me podía abrir más... y no de sueño... de sorpresa... de admiración... no pude dejar de leer hasta que lo terminé a las siete de la mañana, lentamente a cada punto leído ese conocimiento silencioso hacía que párrafos que unos años antes me resultaron totalmente incomprensibles, ahora se explicasen por si solos... y que el enfoque del evangelio tomara un curso totalmente insospechado y absolutamente cautivador y sorprendente...
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