Lucía Mei duerme, literalmente, bajo un manto de cariño y buenos deseos...
Ha sido largo y costoso el camino que han recorrido sus padres hasta poder llenar la cuna de madera color cerezo con su cuerpecito diminuto, hasta poder custodiar su sueño con la ilusión de quien sabe que guarda un tesoro. Pero cuando la miran todo lo dan por bien empleado: la espera, los muchos trámites administrativos, las decepciones por los continuos retrasos, ese largo viaje hasta China para recoger a su niña, el pa
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