—Era más simple que un robot de cocina. De esos que solo tienen un botón de encendido y dos velocidades. Un coro de risitas recorre la sala donde se juzga mi asesinato. Entonces, la muchacha cambia sus tímidos coloretes por una mueca pícara que, poco a poco, se transforma en otra claramente demoníaca. Es justo... Seguir leyendo →
All rights reserved