En los rincones más inaccesibles de los techos, en los troncos de los árboles viejos, en los intersticios de las paredes de piedra, tendida entre los flexibles tallos de los juncos, en los setos de los jardines abandonados, entre unos cardos secos, en las cunetas del verano, disimulada entre la hojarasca, o bien visible, perlada por el rocío de la mañana, ella labora incansable su hilo de plata. Y mientras labra, recuerda nostálgica, dolida aún -por siempre lo estará, y eso añade más pesad
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