...contempló muda la imagen que le devolvía. Los pellejos del cuello colgaban rítmicos a sus movimientos, la tez verdeada de su cara se arrugaba bajo sus ojos formando unas terribles ojeras, como también colgaban estirados los lóbulos de sus orejas. Los huesos de debajo de las sienes y las mandíbulas se perfilaban agudos ante la tenue luz. Los pocos pelos que...
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