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10113 results found for tag:"prosa".
2403067256133
En plena madrugada
03/06/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/P/pedestal.pdf Pedestal sosteniendo el vuelo roto del estruendo denodado, afanoso de hacerse levantar en plena madrugada, para, a tientas dentro del aroma, ácido como el crepitar de un verde chato, expulsar, a cuenta de tal o cual deuda saldada, toda la sed teñida del reproche de un azar, mudo, y sordo, y, dicen que a ratos – aunque en voz muy baja -, exigente hasta extremos tan adversos que cabría (si el persuadir entrase en el juego y lo ganara) destapar y, al descubierto, ya desnudo y sin pudor que lo redima, arrojarlo al más negro de los abismos impensados por la mente dolorida del cuitado. 19 de febrero de 2023 Insomnios
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2403067256072
Por favor
03/06/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/prosa/porfavor.pdf ¿Quién es el pensador? ¿Quién el pensado? ¿Quién es el soñador? ¿Quién el soñado? ¿Quién el creador? ¿Quién el creado? ¿Quién el que crea qué mundo habitado por criaturas creadas por él? ¿Quién el que no lo crea? ¿Quién el creado por cualquiera de las criaturas que él creó? ¿Quién de entre todas las criaturas no es creado? ¿Quién de entre todas las criaturas no es creador? ¿Quién de entre todas las criaturas accedió a ser no más que una invención? ¿Quién de entre todas las criaturas no inventó? ¿Quién no fue jamás de los jamases un invento? ¿Quién de entre todas las criaturas no soñó? ¿Quién no fue soñado alguna vez? ¿Quién el que crea qué mundo de ese otro en el que habitan criaturas creadas en el mundo de otro que lo creó a él? ¿Quién el que sueña qué mundo de ese otro en que criaturas sueñan criaturas que crear? ¿Quién es el pensador? ¿Quién el pensado? ¿Quién el que sueña despertar mientras sus criaturas duermen? ¿Quién el que duerme en el despertar de sus criaturas? ¿Quién el que vela mientras sus criaturas duermen? ¿Quién el que duerme mientras sus criaturas velan? ¿Quién el que sueña velar mientras sus criaturas duermen? ¿Quién el que sueña dormir mientras sus criaturas velan? ¿Quién el soñador? ¿Quién el soñado? ¿Quién esquivará la creatividad de no importa qué creador? ¿Quién renunciara a crear creadores? ¿Quién podrá eludir el ser creado? ¿Quién podrá evadirse de crear? ¿Quién creerá estar creando cuando crea nada más evasión? ¿Quién creó, alguna vez, alguna realidad en que la realidad fuese ficción? ¿Quién creará, alguna vez, alguna realidad en que la ficción sea realidad? ¿Quién alguna realidad en la que la ficción no lo sea? ¿Realidad o ficción? Ficción, realmente. Realidad, plana, lisa y llanamente. Suéñame, en tal caso, por favor. Te rogué. Créame. Me respondiste. Y me creaste. Y te soñé. 22 de enero de 2024 Insomnios
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2403067255839
Trasuntos entrelazados
03/06/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/K/corrosivo.pdf Corrosivo languidecer abrupto, coetáneo de tantas despilfarradas, por ociosas, vicisitudes escuálidas lanzándose, en picado, de plumas, arrancadas con dolo ni cuidado sangrantes de su tinta azul marino, tan profundo; descuartiza de quintetos arbitrarios la permutabilidad de algún trasunto entrelazado de briznas de argumentos, sedosos, agradables al tacto turbio o ronco del oyente que, para sus albedríos luctuosos, arrumba, sin sustrato de hermosura, con la veraz belleza adusta que se resistirá a cumplir humildemente con qué es norma. Desde entonces o por méritos prestados. Asevera. 8 de febrero de 2023 Insomnios
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2403047231556
Conviene fijarse
03/04/2024
La Prima Práxedes
https://valentina-lujan.es/trans/Convienefij.pdf – Conviene fijarse, sí; eso ya lo sé don Carmelo ― replicaba intentando no entrar en discusión la madre cuando era requerida en un aparte porque no quiero yo, doña Jacinta, ponerla a usted en evidencia delante de las otras madres pero tiene usted que hacerse cargo la niña apenas avanzaba ―, y no perder de vista que cuando son tantos, tantísimos los datos que en el transcurso de la vida han ido incrementando el acervo cultural de uno o de una, por mucho que te esmeres en ser coherente ― y bien sabía el Señor y usted mismo, don Carmelo, debería de estar al cabo de la calle perdóneme que se lo diga que Enedina se esmeraba — confiar exclusivamente en la memoria es una temeridad, pero... Mostrándose compungida, pero poco, y nada más por contemporizar convencida, como estaba, de que… pero ¡quién iba a prestar ― encarecía ― atención a los pendientes de doña Magdalena! —, caminando ya hacia la puerta pesarosa tras, tendiéndole su mano enguantada, despedirse con un escueto gracias y pensando que sabiendo, como sabía ella muy bien que todo el mundo sabía aunque ese mismo todo mundo se callara y, ella, tú, Jacinta, no vas a decir ni una palabra porque, y eso sí que circularía de boca en boca, si dijeras dirían que si tal y que si cual y que si esto y que si lo otro como la gente es tan, tan, tan, tan…! ay, Jacinta, tienes que acordarte, por favor!, nerviosa, taconeando ahora a paso vivo por la calle apartando un mechón de pelo de su frente, ¡tienes que acordarte, que te lo has aprendido esta misma mañana!, Jacinta, ¿qué es la gente?, ¿cómo es la gente?... Para terminar por, angustiada y agotada por el esfuerzo infructuoso, dejarse caer abatida en un banco del bulevar y, sin poderlo evitar, prorrumpir en ahogados sollozos porque, resígnate, Jacinta, por mucho que te apliques — con, al hombrecillo que señora, ¿se encuentra bien?, un ademán nervioso de la mano rechazarlo sin palabras — nunca aprenderás cómo es la gente. Transgresiones
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2403047230771
Conviene fijarse
03/04/2024
Dueña del restaurante libanés
http://valentina-lujan.es/R/convifij.pdf –Conviene fijarse, sí; eso ya lo sé don Carmelo ― replicaba intentando no entrar en discusión la madre cuando era requerida en un aparte porque no quiero yo, doña Jacinta, ponerla a usted en evidencia delante de las otras madres pero tiene usted que hacerse cargo la niña apenas avanzaba ―, y no perder de vista que cuando son tantos, tantísimos los datos que en el transcurso de la vida han ido incrementando el acervo cultural de uno o de una, por mucho que te esmeres en ser coherente ― y bien sabía el Señor y usted mismo, don Carmelo, debería de estar al cabo de la calle perdóneme que se lo diga que Enedina se esmeraba — confiar exclusivamente en la memoria es una temeridad, pero... Mostrándose compungida, pero poco, y nada más por contemporizar convencida, como estaba, de que… ¡pero quién iba a prestar ― encarecía ― atención a los pendientes de doña Magdalena!
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2403037223769
Mote para "Vidas"
03/03/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/doc/Vidasdos.pdf (Texto en imagen pdf)
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2403037223721
Mote para "En proporción"
03/03/2024
Valentina Luján
http://valentina-lujan.es/D/Motenprop.pdf Prepara ventanas asimétricas, huevos duros y hornacinas con camafeos que van más allá de los signos heráldicos de los monótonos escudos nobiliarios, y mezcla, a continuación y a ritmo moderado que ni peque de sorna ni adolezca de brío, los elementos en una proporción de dos a uno ponderada por una medianía ecuánime y serena y nunca, salvo en casos de puerta mayor de lo en justicia necesario para que pueda entrar y salir con absoluta libertad un soplo de aire que se evitará — no en todos los casos, ha de sobreentenderse, pero sí y por pura higiene cultural en los extremos; que sabido es que tienden de forma espontánea a dorarse en exceso —, en una medida de lo posible que debe intentarse cumplidita pero sin rebasar los bordes del vaso medidor de agravios {ya sean estos recibidos, infligidos, o simplemente pergeñados aunque por falta de valentía o exceso de abulia no se vean coronados por el éxito y sí sólo tocados, de forma un tanto inadecuada y tan equidistante del centro de atención como del más obtuso de los ángulos desde los que pueda considerarse una cualquiera y hasta varias si cabe de las cuestiones que aguardan en fila de a una y respetuoso silencio a ser si la suerte les es propicia bien tratadas, con una pamela excesivamente aparatosa si es que no estamos hablando de una boda celebrada por todo lo alto, a todo lo grande o, a todo tirar por dar albricias a que te has decidido por fin a arremangarte y meterte en harina, entre la sensatez más pusilánime y el menor — aunque si el mejor plantado, simpático y emprendedor — de los más exaltados (hasta la fecha al menos) corajes creativos} que sea, sin que estés sacrificando por ello su deliciosa naturalidad, demasiado fresco que podría — incluso sin quererlo y adornado de las intenciones más nobles e innovadoras, esas por las que siempre has suspirado y afirmado que darías si fuese necesario cualquier cosa — reducir a la categoría de inservibles a todos tus preparativos y arruinar el proyecto. Te recomiendo que si no confías demasiado en tus habilidades sustituyas, de momento y mientras te vas soltando, las ventanas por troneras.
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2403037223608
Aunque todo el mundo pensara en él
03/03/2024
Un hijo del guarnicionero
https://valentina-lujan.es/Z/aunquetod.pdf se acabó desoyendo el clamor de tantas voces pronunciándose a favor de que sí, de que fuese Diorante el guapo, para terminar por decantarse por un chico mucho más bajito y con granos pero con magníficas referencias y un expediente del todo brillante que, después de dar muchas largas negándose a ponerse al teléfono o alegando excusas tan peregrinas como para hacer sospechar hasta a la pazguata de Otilia Roca – tan obediente y bien mandada como era que, si le decías “átame esa mosca por el rabo”, preguntaba sin inmutarse si la de la cortina o la parada en la calva de don Terencio – que lo que le pasaba era que detestaba lavarse las orejas, terminó aceptando pero con la condición y el ruido de la televisión de fondo de que no se le obligara a montar en bicicleta ni a merendar bocadillo de fuagrás ni a disfrazarse de romano. - ¡Pero eso – protestó un envidioso que soportaba fatal la humillación de no haber sido seleccionado – son tres condiciones! Así que, porque habiendo un defecto de forma – dijo además el envidioso – que si no se subsanaba nos dejaría frente a los del Ánimas Benditas que eran famosos por sus trabajos tan impecables en una situación muy desairada, convenía repararlo cuanto antes de manera que, aunque un poco de cortedad sí que nos daba, tuvimos que volver a llamarlo para que, esta vez, fuera su hermana mayor la que nos echara la bronca con que en aquella casa no había manera de poder seguir en condiciones el serial… Nos fuimos por eso al comedor a mirar la tele para en cuanto salieran los anuncios llamar de nuevo; pero como cuando salieron la abuela dijo “esto es sólo un descanso” y que no íbamos a tener tiempo bastante porque ese chico, el de los granos – y ella lo sabría bien porque se conocía a todas las demás abuelas del barrio –, era muy cabezón, nos empezamos a poner nerviosos, mirando impacientes el reloj con sus manecillas avanzando implacables allí, encima del aparador, todos arremolinados alrededor de la mesa que estaba ya quitada casi aunque había todavía algún plato con unas peladuras de manzana y, en una taza, se veía, en el borde, el dibujo de los labios pintados de la tía Mari Fe… - “Mari Fe” ¡Qué bien traído! – dijo, que se notaba que iba con no poca sorna, Raúl Colmenero. - Bueno, pues… ¡María Dolores! Raúl Colmenero admitió que eso ya era otra cosa, menos forzada, pero que de todas maneras convenía aunar esfuerzos y no disgregarse… - “Dispersarse” – rectificó Carlos Moreno. - ¿Y se puede saber cuál es la dif… - Pues mucha. - Eso lo dirás tú. - Pues ya lo he dicho. Y habrían entablado una acalorada discusión si no hubiese intervenido Pablo Munguía instándolos a “¡vale ya!” cuando además – pero a Onésimo, que era el que había tenido la idea de envidioso que las peladuras y el carmín “que mala en sí no es; a ver si me entiendes”, (le dijo); lo animó a que conservase lo que ya llevaba porque, “a lo mejor, para la evaluación siguiente, pues…” –, y que o que mirásemos si no a la pantalla y veríamos que lo que decía era cierto, estaba él enterado por su madre de que entre ese bloque de anuncios y el final del capítulo, y las cinco menos cinco ya que eran, sólo quedaba espacio para, todo lo más, un beso… La abuela entonces se enfadó porque “a ver – quiso decir – si ochentaisiete tardes que llevo siguiéndola vais a venir vosotros a despanzurrarme la novela” pero no le dio tiempo; no le dio tiempo porque salió la musiquilla y, nosotros, en tropel al teléfono aunque demasiado tarde, por lo visto, porque volvió a contestarnos la hermana, ya un poco más amable, y nos dijo que él, el chico de los granos, había salido y no regresaría hasta la hora de cenar. - ¿Y ahora qué hacemos? De manera que, tras sopesar con serenidad si había más o menos posibilidades de que cediese en lo del disfraz y el bocadillo – por ejemplo, dejando lo de la bicicleta (por coger algo, aunque se podían combinar los elementos de otra manera) como opción única – que de que nos quedásemos toda la panda sin ver el partido que había por la noche intentando convencerlo, decidimos rehacer ese trozo nosotros, por nuestra cuenta, y dejarlo así: Terminó aceptando pero con el ruido de la televisión de fondo y tres condiciones consistentes en que no se le obligase a montar en bicicleta, ni a merendar bocadillo de fuagrás, ni a disfrazarse de romano. Fin Punto, este fin, en que se cierra el círculo que como con toda facilidad podemos ver es conjunto ─ decía don Cliptemestro siguiendo con sus ejemplos ilustrados ─ conjunto en los elementos Puente de Piscis, Gárgola y Tercera Oca de tierra con el 199-174-240 y conjunto disjunto en el resto de los elementos.
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2403037223554
Aunque todo el mundo pensara en él
03/03/2024
Rodrigo
https://valentina-lujan.es/A/aunquetodoelmundopen.pdf se acabó desoyendo el clamor de tantas voces pronunciándose a favor de que sí, de que fuese Diorante el guapo porque, puestos a cuadrar cuentas y que ni faltaran actores ni sobraran personajes, se llegó a la conclusión de que sería más conveniente que fuese el encantador de serpientes del número de magia del espectáculo que, a caballo entre una multitud de protestas airadas de unos tatos cuantos y los aplausos y vítores entusiastas de otros cuantos tantos, montado sobre la mesa de la cocina estaba pergeñando, con sus pequeñas manos y sus grandes dotes para destrozar los nervios y acabar él solito con la paciencia de tantas institutrices y niñeras como habían desfilado a lo largo de los años mozos del abuelo por la pasarela de moda que cada primavera organizaba Genoveva en el jardín, el más emprendedor de los primitos al amparo, y bajo una estrecha vigilancia que a él solía quedarle muy holgada de la tata, de la recomendación de los psicólogos que habían encarecido las bondades de dejar que su creatividad volase sin cortarle las alas, por un lado, y por otro, el estupor de los que, no menos competentes pero de escuela más tradicional, habían expresado su parecer de que, cuando se pusiera tan imposible, lo que más resultado daría sería darle un par de azotes en el culo; y asunto terminado. Terminado y concluido dentro del horario previsto y rematado a plena satisfacción — y luz del día, uno de tantos de esos días desapacibles y lluviosos de invierno — de las madres, por un lado, que aquí con un tiempo tan malo y sin salir no sabemos cómo entretener a los niños y, por otro lado que no se sabía todavía muy bien si colocar entre la mesa y el perchero o detrás del sofá para que no estorbase, la muy ensayada pero malamente lograda impaciencia del primo mediano que, mordisqueando parsimonioso un bocadillo de chorizo, y mi sol, que lo tengo terminado desde por la mañana, ¿cuándo sale? – No sé yo si éste — Basilia, rezongando por lo bajo —, con esa pachorra, va a ser un buen primo o nos van a terminar tirando tomates.
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2403037221765
Entre doña Escolástica y la del tercero
03/03/2024
Samuel
https://valentina-lujan.es/Q/queciertamen.pdf – Que ciertamente confunde a quien alcance a leerlo porque no parece lógico — dijo el inspector encargado de la investigación — que en textos por lo demás tan idénticos, e indicándose en uno y en otro que pertenecen al diario de una persona que en ambos casos es la misma, la que aquí lleva el nombre de Mercedes lleve allí el de Licinia. Aunque siendo Chuchi la de Ampuero — dijo el director — la que anduvo por medio vaya nadie a saber quiénes y bajo qué nombres no la trajeron y llevaron a ella misma de aquí para allá hasta terminar por, quizás con intención de dar gusto a Zoila, que no quería de ninguna manera prescindir de su Cristina… − Y, la del tercero, ¿no había problema con la del tercero? − No, porque con la del tercero no había mayor compromiso, tan ajena como era al mundo nuestro y a nuestros egos que contar o no contar con su Tabina no desencadenaría sobre ninguno de nosotros la ira de ningún dios ni diosecillo ni musa ni musilla ni museja ni de…, pues en definitiva esas eran las más temibles, le advierto, y con las que de verdad había que andarse con cuidado, ninguna de las madres; así que, sencillamente suprimirla de un plumazo y que nunca más volviese a parecer hasta que con el tiempo se fuese difuminando en el recuerdo hasta olvidarla, por completo, ¿verdad? — dijo volviéndose a la señorita que, consternada, se limitó a asentir con un movimiento de cabeza — como si no hubiera existido jamás. − Ya, pero es que — se resolvió a abrir la boca la señorita — suprimir a la del tercero implica llevarse por delante a Cora y a la Verdaguer, que, bueno, a Cora me puede importar menos y a la Verdaguer tampoco mucho porque desde la tirantez por lo de la milonga nos llevamos muy mal, pero… − ¿Qué pero ni qué nada? Se la quita usted de en medio y tan contenta ¿No? − Pues, no; no contenta porque figura en cantidad de los trabajos para la segunda evaluación de los de tercero B ¿Y que les digo yo ahora? ¿Eh? Que tanto como se han esforzado, pobrecitos, y tanto como han bordado las madres, todas las redacciones en las que puede leerse “la Verdaguer” no sirven y, hala, todos a la papelera… Y que el inspector, con muy buen criterio — contó en el cuarto de profesores la señorita a la hora del recreo —, dijo y por qué no tiramos esta antes de que nadie pueda leerla y así nos salvamos todos. − Pues fíjate que lástima que a mí — un cenizo, que siempre los hay — me habría gustado leerla.
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2403037221321
Mote para "En los bordes de un eclipse"
03/03/2024
Tabina
http://valentina-lujan.es/E/enlosbordmote.pdf En los bordes de un eclipse se miraron bebiéndose como si doliera el infinito o las muelas del juicio final amenazasen con masticar, rumiar, considerar una vez más y hasta lograr deglutirla por completo la posibilidad descabellada o peregrina de seguir esperando, allí, a la sombra, un día tan todavía lejano y poco prometedor de certezas o, por el contrario, apresurarse y juzgar tal vez a la ligera, presurosa y en exceso fugaz o dilatada, inconsistente oscuridad vacía, antes de que la distancia se agrandase y no fuera ya posible el echarle, como si dijéramos o en lenguaje coloquial ya que estábamos en familia y no hacía falta ninguna demorarse en filigranas, el guante con el que, sin incurrir en pecado de lascivia, acariciar el centro mismo de aquel lugar sagrado que latía, ignorado y ajeno, lejos de toda verbosidad y de la inicua fatalidad atroz de la impudicia que arrasa, y nubla, y ciega las salidas de los conductos del entendimiento que palpita, allí, donde los haces de luz inundan con sus rayos la primicia que brindará del alma a su morada la ambrosía.
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2403037221291
Invitación personal y voluntaria
03/03/2024
Tabina
http://valentina-lujan.es/Dbre10/o%20no%20tan%20voluntaria.pdf o no tan voluntaria ya que muchas veces, sobre todo tratándose de bodas, uno se ve obligado — pues por presiones familiares y compromisos y ese tipo de cosas — a invitar a parientes de esos que todo el mundo tiene a los que habría que, como suele decirse, echar de comer aparte pero que (y para ser consecuente con lo expresado más arriba de que no porque ciertas cosas resulten evidentes es recomendable el omitir la explicación que elimine hasta la más remota posibilidad de equívoco) serán sentados a la misma mesa que el resto de los convidados, y con los mismos manteles, y se les pondrá su correspondiente cubierto, aunque se tenga que pasar por el apuro de ver cómo se arrancan a tirones la corbata (en las bodas siempre hay algún tío político o primo lejano que no está acostumbrado a la corbata) y vocean “¡viva los novios!” o “¡que se besen!”, puestos en pie y luciendo en la pechera de la camisa (o en la solapa de la americana si es que aun no se han despojado de ella) una mancha de salsa tártara. Pero vamos a llamarla “voluntaria” para evitar el abismarnos en filosofías en torno a conceptos tan abstrusos como aquellos a los que nos arrastraría el llegar hasta el fondo de qué es acto voluntario, aunque se haga en contra de la propia inclinación natural, y qué acto no lo es aunque para llevarlo a cabo sean precisos un derroche de arrojo y un esfuerzo tan absolutamente titánicos que cuesta trabajo el entender que puedan realizarse sin querer. De cualquier modo y sin dejar de tomar en consideración que el trabajo que pueda costar el entenderlo es algo que se hace con harto frecuencia , teniendo por añadidura en cuenta que viene a quedar de manifiesto y por pura deducción que el entendimiento no es imprescindible para comportarse lo mismo y con igual desparpajo de manera coherente o de forma disparatada, nos hallamos querámoslo o sin desearlo ante el hecho irreversible de que contra toda lógica aquí estamos. ¿Qué por qué es irreversible el hecho? Pues lo es por la sencilla razón de que, una vez que estamos aquí, podemos y nadie va a negarlo ni a impedirlo marcharnos y olvidar — o por lo menos intentarlo —; pero ya no nos será jamás posible dar marcha atrás a los relojes, ni retroceder sobre nuestros pasos para que el instante en que llegamos sea borrado de la faz de los tiempos. Así que me temo — y mira que nada más lejos de mi ánimo que el querer ponerme dramática con todo lo contenta que estoy yo con mi página —, mi queridísimo y muy bien venido visitante, que todo cuanto cabe tal y como están las cosas y pese a nuestras respectivas voluntades es o separarnos o seguir adelante. Lamento darte el disgusto, con el que quizás en tu inocencia no contabas, de que has de ser tú quien elija. Tú tienes que elegir y no porque yo lo quiera ni te coloque en tan penosa disyuntiva sino porque la página es mía; yo la he empezado y yo debo continuarla aunque nada más sea por si tú decides continuar leyendo en ella. Tú eres libre y yo no. Pero tu libertad es tu castigo y será, aun a pesar de ti, mi redención. Mira, me he puesto dramática después de asegurar que no quería, y con todo lo contenta que estoy… Pero, en fin, se me pasará y, entre tanto y aun sin tener muy claro si lo hago por el sí o por el no, aquí te dejo el rastro que deberás seguir si quieres ver la continuación. Papeles
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2403037220645
Apuntando hacia la ventana
03/03/2024
Señorita Berta
https://valentina-lujan.es/H/hacia%20la%20ventana.pdf hacia la ventana; ¿o es que no se había enterado a aquellas alturas todo el mundo de que si era jueves por la tarde lo que iba sobre la lavadora era la barra de pan y no la jarra del agua? – inquiría severa doña Fructuosa. Y que lo que pasaba era que no se prestaba la debida atención; porque no le parecía a ella que pudiera ser tan complicado recordarlo porque, vamos a ver, Honorina… decía, conminando a la interpelada a que viniera aquí, al encerado y sometiéndola a un interrogatorio exhaustivo solicitando detalles a veces del todo peregrinos de tal o cual acontecimiento de nuestra Historia en los que ella, Fructuosa, gustaba aunque nada más fuese por mortificarla de ensañarse, dinos, dónde exactamente estaba y cómo era tal o cual minucia irrelevante que se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, como una castaña. Y Honorina se esforzaba, ponía todo su empeño en que la minucia irrelevante, fuera la que fuese, tomara en su sentir de ahora la consistencia, la textura, el color y la forma y — si los tuviere — el sonido y el aroma que (por obra y gracia de un saber hacer que siempre estaba en otros pero nunca en ella) adornaron aquel cestillo que, envuelto otrora en papel celofán y conteniendo pastillas de jabón trasuntos de fresas o mandarinas o manzanas, deviniera en salacot sobre los rizos que (una vez destejido un jersey de ochos que tras el estirón de las anginas se le quedó pequeño a Pilarín) enmarcaron el rostro rubicundo de Palomita, la del armero, encantada de padecer vicisitudes y penurias bajo los rayos del inclemente sol africano que daba, por aquel entonces, de plano sobre los terraplenes que terminaron siendo el polideportivo con piscina y tres pistas de tenis… ¿O no era eso? Doña Fructuosa asentía con la cabeza y su castaña, cargada de comprensión y de paciencia, afirmando que sí y que — porque con las salvedades de que lo que contuvo el cestillo fueron bombones y de que la sabana africana no fue el polideportivo sino la sede de la caja de ahorros era, y Fructuosa lo reconocía, rigurosamente cierto que el logaritmo de 127 sería siempre 2,103803721 en números redondos — Honorina podía estar orgullosa de su buena memoria y su excelente olfato; pero que ella, Fructuosa, Honorina, por favor, tienes que entenderlo, debía desde su actividad docente exigirles, a ella y a todas sus compañeras, siempre un poquito más al objeto de que se fueran preparando, habituando sus mentes a lo que con el tiempo llegaría a ser el pan nuestro de cada día o una concepción ecléctica del Universo y de las leyes por las que se rige. Y que si había quedado claro o preferíamos, llevadas de nuestro amor a la sabiduría, repetirlo una vez más aunque ello implicara el prescindir del bocadillo y de salir al patio a jugar a la comba o a las tabas; pero, como pasaba con frecuencia porque se nos pasaba el rato sin sentir, sonaba el timbre indicando que se había terminado el recreo sin que nos hubiéramos puesto de acuerdo en qué preferir. Papeles
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2403027217815
Mote para una promesa
03/02/2024
Señorita Alejandra
http://valentina-lujan.es/L/leprometo.pdf alborozado que esa misma noche, en cuanto llegue a casa y sin detenerme prácticamente en nada más que en ocuparme unos minutos de Indalecio — todo el día solo y aburrido, el pobre, entre unas cosas y otras y tan habituado como está a escuchar todo el rato la televisión o la cháchara incansable de mi tía que, como todas las viejas, tiene la costumbre de hablar sola — y echarle como siempre la cortina, me pondré manos a la obra de organizar y pasar a limpio las notas. – ¿Las notas? — Pregunta, y parece confuso —, ¿te refieres a esos folios inconexos y bastante desordenados que has ido garabateando? –Bueno — respondo amontonándolos —, son todo lo que tengo; y para arrancar ya es algo, ¿no? – No, si algo sí que son, pero… – ¿Qué “pero”? – Pues que, así, sin tener toda la certeza del mundo de que todos vayan a resultarte útiles… – ¡Pues claro que me resultarán todos útiles! Útiles para seleccionar qué es importante, y para descartar lo que no sirva. – ¿Y qué es lo importante y qué lo que no sirve? — Pregunta, caviloso —; ¿Cómo podrás distinguir el grano de la paja? ¿Te has parado a pensar que muchos de estos folios te pueden resultar perjudiciales?, ¿que no pocos tratarán, aviesos, de desviar tu atención hacia cuestiones accesorias, vanas y carentes de interés? – Imagino — replico, creo que encogiéndome de hombros, tan pletórico e ilusionado como me siento — que ese ha de ser el reto del escritor… – ¿Y con qué criterio, desde qué punto de vista y con qué prisma ha de suponerse que debe abordar el escritor la tarea de enfrentarse a ese reto? – Pues… – No irás a responderme que desde los del propio escritor, ¿verdad? – ¿Y por qué no? El escritor es… – ¡“El escritor es”! — Exclama en tono amargo — ¿Quién es el escritor? – Habíamos quedado — le recuerdo — en que eso se decidirá más adelante. – Olvida eso ahora; estoy hablando en serio — Y agrega con rotundidad —: ¡El escritor es NADIE! – ¿Nadie? – Quiero decir… Permanece unos minutos pensativo, como eligiendo cuidadosamente qué pretende exactamente expresar; pero debe de ser que no lo encuentra porque, tras un carraspeo y rebullirse incómodo en el asiento, lo único que sale de sus labios es un “casi nadie”. – O no alguien — parece alentado a seguir una vez roto el hielo y encendido un nuevo cigarrillo — a quien podamos, a menos que no nos preocupe el pecar de vanidosos, considerar esencial en toda esa especie de baile de intereses. – ¿Y qué baile es ese? — Pregunto solícito, perfectamente armado de paciencia porque ahora que sé que esta noche me dedicaré a hacer algo que no será mirar un programa estúpido en la televisión me siento feliz y relajado. – Verás — Dice. Y pasa a, depositando el cigarrillo en el cenicero para ir así contando con los dedos, explicarme que los interese que básicamente han de tenerse en cuenta son: Interés existencial; si lo miramos desde el punto de vista de los personajes que han de dar cuerpo y alma a la idea de su creador. Interés vital; si lo consideramos desde el punto de vista del lector . Interés literario; si lo contemplamos desde el punto de vista del escritor y de cuales deban ser sus objetivos. Concluye su exposición aderezándola de la advertencia de que de entre todos los intereses mencionados es al último al que el escritor que no desee... ... Lo escribió así, con mayúscula, dice que para hacer notar el énfasis que puso su amigo en este “nadie”. (Nota de las Palabras) ... Se extiende aquí en una larga disertación perorando acerca de que este “interés” va a ser prácticamente nulo porque “aunque huelga decirlo porque es algo que sabe todo el mundo”, dice, el lector es por lo general un tipo malhumorado que tras comprobar cómo le han ido fallando uno tras otro todos sus planes
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2403027217648
Objeción puesta por la señorita Violeta
03/02/2024
El subdirector del juzgado
https://valentina-lujan.es/O/objeciviole.pdf aduciendo que sí, que muy bien, que el razonamiento y sin entrar en si inductivo o deductivo porque a saber por dónde y tantos como aun sin contar con mi suegra y mi cuñada —que les molestó mucho, por cierto, asegurando que elevarían la queja correspondiente a las más altas instancias; pero que, por fortuna, no teniendo voz ni voto se vieron obligadas a no abrir el pico — éramos los reunidos saldríamos, parecía que Desideria lo había hecho bien y no tenía ella nada que decir al respecto, pero que lo que de verdad la tenía en ascuas era el si sería posible estar seguros de que la doncella de Emérita no tuvo ciertamente ni hijos ni sobrinos ni prohijados porque, de lo contrario y teniendo constancia como se tenía de que jamás había tenido marido ni hermanos ni los recursos económicos (por no hablar de una generosidad de la que se sabía, por referencias, que era escasa) para adoptar a huérfano alguno, no sería del todo un disparate entrar en la sospecha de que, aún habiéndolo llevado siempre en secreto, la madre del tal Raúl fuese ella y, en tal caso, habría de ser expulsada de nuestra comunidad, tan pequeña sí, y tan de andar por casa, también, pero tan respetable como Genoveva con tantísimo esmero la diseñara y en la que no se admitían, y en los estatutos figuraba, ni madres solteras ni más mascotas o animales de compañía que no fuesen perros o gatos o, como caso excepcional, la cotorra de doña Emerenciana a la que, aquejada de demencia senil, cuidaba una sobrina antipática pero bastante guapa y, se decía, que envuelta, cuando se la veía, en plumas de marabú y un misterioso pasado. Papeles
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http://valentina-lujan.es/J/jaloescri.pdf por lo que en aquel momento quise entender como virtud que me adornaba al querer imaginar que no lo haría por no dejar constancia de un mal pensamiento que pudiera atentar sin motivos probados contra la honorabilidad de Sonia, pero que se manifestó de inmediato como un error de interpretación por mi parte cuando, apenas trascurridos unos instantes, me di cuenta de que los motivos para no escribirlo iban a ser muy otros que, por su trascendencia y la forma en que incidieron en las vidas de todos nosotros, merecen constituirse en separata y argumento del capítulo primero de este muy ambicioso proyecto o magna historia. La respuesta la dio un chico muy tímido que no quiso dar su nombre y era, según sus cálculos que había escrito en un papel que no quiso tampoco enseñar a nadie y tiró a la papelera hecho añicos, sin la menor duda esta. La señorita trató de hacer las comprobaciones pero, declarando humildemente no sentirse capaz por falta de conocimientos, solicitó ayuda al claustro de profesores que, reunido en sesión extraordinaria y en presencia del subdirector del juzgado de guardia, concluyó que estaba perfecto y, el subdirector lo firmó y le puso los sellos y las rúbricas a tantos de tantos de mil noninoni cuantos, a las tales en punto según el reloj de arena que llevaba en el bolsillo del chaleco. Papeles
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2403027210878
Mote para tres voces y un narrador
03/02/2024
Rogelio del Viso
https://valentina-lujan.es/alicia/jamasloescri.pdf no por lo que en un primer momento no se me habría pasado jamás por la cabeza {de no ser por las insinuaciones veladas de Lola (dando a entender que si había acariciado la idea de que Sonia pudiera tener una aventura extraconyugal mejor me olvidase de ella, que a lo mejor era verdad, y tenía razón, y yo no iba a saber desenvolverme en situaciones ― que entre amantes es de suponer que antes o después se darían ― imprevistas de las que, aunque eso Lola no lo sabía y no podía ser el motivo por tanto de que ella dijera que yo no sabría, no había tenido yo la más remota sospecha de que pudieran acontecer y, por tanto, no me había ocupado de concretar con mi amigo cuál debería o fuese conveniente al menos ser mi actitud y forma de proceder) advirtiéndome, aunque con su inveterada elegancia, que eso sería tirar por lo fácil, por lo previsible y que (o intuí yo al menos por la mirada un poco triste que me dedicó) la estima en que ella me tenía se vería muy mermada} y que habría sido, además y de forma ignominiosa, atentar sin motivos probados contra la honorabilidad de Sonia cuando tal vez ― y pese a lo que las apariencias pudieran sugerir, pero todo el mundo sabe (excepto mi madre, claro, que no es que no lo sepa pero ella siempre elige quedarse con las posibilidades más escabrosas, de lo que sea, y si le llevas la contraria o simplemente te atreves a mencionar que las cosas, todas, pueden tener más de una lectura, te suelta “piensa mal y acertarás” y, mi amigo, cuando se lo comento, me dice “¡pues por eso precisamente el razonamiento de tu madre no sirve” porque, dice también, al lector hay que sorprenderlo ― lo del pelo mojado tuviese una explicación tan sencilla y del todo inocente como que (idea por cierto de mi amigo, pero que me dice que no ve necesario que lo especifique puesto que ambos somos como si dijéramos un solo “yo” que, también por cierto, no he sabido nunca si debo sobreentender como el suyo por ser él lo que yo llamo “el cerebro” de nuestra empresa o el mío por ser lo que él denomina “el brazo ejecutor” sin el cual, dice, la empresa no sería la misma o, incluso, abunda, ni siquiera sería) se hubiera averiado la caldera y se hubiese ido a duchar a, por ejemplo, casa del vecino al que prestó los zapatos de color pistacho y el bolso a juego aquella vez que tuvo, y que si me acuerdo, la crisis de identidad . Y le digo que sí, que me acuerdo perfectamente, y que lloraba el pobre como una Magdalena.
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2403017205983
Mote para un esquinazo
03/01/2024
Atalanta
https://valentina-lujan.es/trans/silograbamosdar.pdf a esta buena señora tan cargante y convencer a Ifigenía, una prima lejana de una de las hijas de la cuñada de la de Zabala ― que tenía más, porque se había casado varías veces, pero prima lejana de Ifigenia nada más que una ―, de que aprendiera a montar a caballo o vestirse por lo menos y aunque nada más fuera en plan de atrezo de amazona, no “tendríamos, en evitación de claustrofobias o de vértigos ― consideró Germán Mancuerna, el propietario de la tienda de ultramarinos de dos calles más arriba y de una inteligencia que le hubiese permitido (en opinión de su madre) hacer una carrera de lustre y ser tratado de don ―, que subir ni que bajar” sino lanzarnos, tranquilamente según él mientras cortaba en rodajas finitas cien gramos de salchichón para la de Brumoso que lo quería para la merienda de sus niños, a galope tendido con el cabello al viento moviendo, él, con mucha convicción su cabeza y, a risa, a la cocinera de don Atiliano a la vista de su cráneo mondo, y tan liso como una bola de billar. Borradore
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2402297180256
Mote para un jardín
02/29/2024
La planchadora de enaguas
https://valentina-lujan.es/E/enquetantciri.pdf en el que tantas tardes Ciriaquito iba a esconderse huyendo, entre las risas ahogadas de las niñas — que, se burlaba con su habitual tono cansino Ofelia, más que como risas sonaban como cloqueos de gallina si no daba la casualidad de que quien relatara los hechos acaecidos fuese “una de las de Carlota”, tan brillantes siempre y con aquella soltura de que sabía dotarlas — y de algún otro ya más que adolescente de aquellos de los que la madre de don Arnaldo decía que nunca madurarían, del enfado de Matilde encajando, tan de malísimo grado , las bromas pesadas que no se cansaba él de gastarle a costa de la irritación que a ella le producía aquel lujo falso con que Dorotea se esforzaba en “dar prestancia” al almacén hacía ya años vacío de lo que fuera en otro tiempo la tienda de ultramarinos del abuelo de las de Maluenda pero conservaba aquella mezcla densa de olores evocando colas de bacalao y pastillas de jabón Lagarto y longaniza que ella, Dorotea, no lograba enmascarar con ambientadores con aroma de lavanda ni con varillas de incienso. – ¿No podemos — preguntaba paseando arriba y abajo su malhumor deslavazado, dándose aire con el abanico de plumas de marabú estas sí auténticas de aquella tía de las de Vivar de la que nadie hablaba por haber llevado una vida un tanto «vamos a dejarlo en “licenciosa”» —, aunque nada más sea para esta tarde, disponer de un verdadero salón de los espejos? – De espejos, princesa del guisante — respondía con acritud Dorotea, que había tenido que renunciar por culpa de los preparativos a su clase de taquigrafía — no hemos hablado nada. Y que no pretendiera liarla ni soñase con complicarle la vida. Borradores para un baúl
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2402297178963
Mote para unas notas marginales
02/29/2024
Don Hilario
https://valentina-lujan.es/trans/notasmar.pdf – ¿Qué tía? — pregunté, sin apartar la vista de los folios. – Tu tía, la de los gemelos. – Ah. Los gemelos, menudo par de cabroncetes que eran los gemelos, y escudándose siempre cada uno en que el que hacía las putadas era el otro… – De la camisa, ¿no te acuerdas? – No. Fueron tantas las cosas que hicieron. A la pobre madre la tenían amargada, las vecinas siempre viniendo con reclamaciones, y ellos… – ¿Y de Indalecio? – Ildefonso. Se llamaba Ildefonso. Cuando ella murió, bastante joven, los chicos aún adolescentes, él se casó con otra… – La viuda… – No era viuda. Solterona y bastante fea, pero con dinero. Esa sí que los metió en cintura. – ¿Y el capitán? – De ese no vieron ni un céntimo. Se lo dejó todo a un sobrin… – Capitán. Capitán, de navío… – Ella. Una mala pécora, ya digo, se inventaba cosas; pero la verdad es que era un guaperas sin oficio ni beneficio. – Se habían conocido en aquel crucero, ¿recuerdas a Lola y los volovanes? Por las islas griegas. – ¿Por las islas griegas los volovanes? – No. Hombre ¡Qué tontería! Volovanes porque venía a pedir su man… – Su manutención, ya. Se pasaba la vida el muy zángano pidiendo, siempre pidiendo. Así que, para los primitos… – ¿Qué primitos? Mi amigo ha levantado tanto la voz, en tono tan un tanto crispado, que abandono el seguir revisando los papeles en busca de no sé qué nudo gordiano del que no acierto a salir. Pero cuando le he pedido ayuda me ha salido, no entiendo por qué, con esta antigua historia de familia que, por otra parte, no tengo noción de haber mencionado jamás. – “¿Qué primitos?”. No entiendo por qué te enfadas — digo golpeando los papeles sobre la mesa, en vertical para cuadrarlos —; el tema lo has sacado tú. – Hablaba de los de tu tía Luisa. – ¡Pues haberlo dicho! — enfadado ahora yo, que vuelvo a tomar mis papeles — Me has hecho perder el hilo, pero sí puedo, por si te interesa, informarte de que si tiene primos o no los tiene no lo sé. No es tía carnal, el carnal era él, el muerto, el difunto. Y nunca me he interesado, la verdad, por su familia. – Ella, sin embargo, si debe de quererte a ti mucho. No todas las tías regalan gemelos a sobrinos no carnales. – Ah. Era eso. Los de la camisa. Estaba tan distraído con… — y me río — Sí, ¿qué pasa con ella? – ¿Con la camisa? — y me mira burlón. – No seas ganso. Con mi tía. – No sé — dice —; estábamos en lo de la pedida de mano del capitán y, luego ya… – Pues me temo que no voy a poder aclararte gran cosa. Lola se marchó de forma un tanto abrupta. No llegó ni a rellenar los volovanes diciendo que siguiese yo; pero como estoy seguro de que nunca sabré, si he de ser del todo sincero, escribir la comida, allí los tres sentados a la mesa, y la petición de mano, y menos aún la boda, con la ceremonia, y los invitados, y los vestidos y los sombreros de las señoras , ni la mitad de bien que si me lo hubiese dictado ella rellenándolos, creo que lo más prudente va a ser que ese capítulo lo cerremos, aunque sea, como pasa con algunas heridas, en falso. – Ya, pero… ¿y los volovanes? – Ah. Los volovanes los terminaría de rellenar el lunes. Pero dijo que ya me dijo que siguiera yo, y que no pensase que era por cabezonería sino porque, además, dijo, no se hoy mucho qué me pasa, pero no estoy inspirada. Borradores para un baúl
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