Fue un día largo, uno de esos en los que necesitas un abrazo al llegar a casa, y tal vez un buen polvo también. Apenas tenia apetito, solo quería una ducha caliente y acurrucarme al calor de mi hombre. Sabía que dormiría, pero también sabía que no se negaría a una noche de sexo tierno y salvaje. Entre sin hacer ruido, dejando los zapatos en el salón, quitándome la ropa mientras avanzaba hacia la habitación, y allí estaba, desnudo, esplendoroso, aunque roncando. Sabia que si me acercaba, si rozab
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