En la década de 1860, Michoacán fue escenario de la invasión y la ocupación de su territorio perpetrados por un ejército extranjero, en combinación con fuerzas conservadoras mexicanas, para derrocar al régimen mexicano vigente —republicano y liberal— e imponer uno monárquico e imperial. Los sucesos entonces acaecidos se engarzaron en la trama social, la situación económica y la lucha política mexicanos en general y michoacanas en particular de aquella época. Esos sucedidos tuvieron trasfondos históricos, internacionales y regionales específicos. Por ello, si bien la guerra a la sazón desatada siguió las directrices prevalecientes de la lucha por la hegemonía internacional y nacional, tomó las formas peculiares moldeadas por las condiciones específicas de las tierras michoacanas. Bajo estas formas, la vida social se atuvo al desarrollo de los acontecimientos militares y políticos desenvueltos en tres lapsos: el de la ocupación militar y la instauración de autoridades adictas al intervencionismo extranjero, el de la implantación y vigencia del gobierno imperial y el de la desintegración de este y la restauración de las instituciones de la república liberal. Michoacán, sacudido por la guerra, heredó secuelas profundas, todo lo cual mueve a la reflexión sobre las nada olvidables cuestiones de su pasado.
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