Ya están aquí, como todos los años, las chicas de las bolsas rojas, paseando su alegría a ritmo de pandereta. Caminan despacio, con los sacos al hombro, saludándose unas a otras. Intercambian buenos deseos y ofrecen, con gusto, todo el corazón a quien quiera recibirlo. A ellas les sobra eso, tiempo y corazón. Cuando acaben las fiestas, justo con el tañido de la duodécima campanada, volverán a su monótona existencia, a su búsqueda infructuosa. Pero ahora, vuelan, cantan, se desprenden del peso qu
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