Cuento para niños narrado por un pequeño de ocho años que trata sobre la insaciable curiosidad propia de la niñez y de cómo los adultos son incapaces de entender esto, como si ambos, los niños y los adultos, vivieran en universos paralelos distintos. Es un cuento infantil, pero también puede ser leído por los adultos, para que de esta manera puedan remontarse a su infancia y entonces ser más comprensivos con las preguntas de los niños.
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