Detrás de la puerta,
con tu vestimenta color carmín,
usted aguardaba por mí,
frenesís de besos,
gemidos de placer,
nuestros deseos pasionales,
emergiendo de las profundidades,
en locura de amor se volvió.
Tu sonrisa cómplice del arrebato de pasión,
nada nos importó ser descubiertos,
en nuestro nido de amor.
Aunque por precaución,
puertas, solana, ventanas,
cerradas con las persianas bajadas,
para que nuestras voces de ardor,
se ahogaran en el interior.
Adrenalinas a mil,
sudores por doquier,
horas inolvidables,
delicias del placer.
Mimándote como niña consentida,
para que dos locos de atar,
lejos de pensar,
que no podamos juntos estar,
repetir la proeza del galantear,
una y mil veces más.
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