Cuando, en una fiesta infantil, un niño se encuentra con una niña, ambos se saludan con afecto. Platican y el niño confiesa que, en realidad, fue a despedirse porque deja definitivamente Cuernavaca con su familia. Lloran y se consuelan mutuamente. El globo de helio que el niño lleva en la mano lo eleva. Hay mar, repite desde las alturas. Ella llora más fuerte al verlo partir. De pronto, ella también comienza a volar, tensada por el globo que lleva. Ambos se elevan hacia el cielo, sonríen y se enjugan las lágrimas mientras él grita desde arriba “¡Hay mar!, ¡Hay mar!”.
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