“ Son las 12 de la noche de un sábado cualquiera, camino por las calles madrileñas sin más compañía que la del diablillo de mi hombro, el ángelito se ha quedado en casa, dice que cuando salimos los 3 bebe demasiado y siempre acaba cagandose en Dios.
Al recorrer cada calle no puedo evitar pensar en la de corazones rotos que las recorrieron antes que yo, haciendo historia, su propia historia. Y al ver cada portal no paro de imaginar la de besos que habrán visto sus escaleras.
El diablillo me susurra que tiene sed, y que conoce un sitio donde la cerveza siempre está muy fría. Nos deslizamos por las luces de Madrid hasta llegar a un garito en Malasaña, donde habita el arte, donde la cerveza, siempre está muy fría. Es noche de micro abierto y la chica con la voz más bonita de toda la ciudad está desnudándose frente a él , demostrando que es humana a pesar de su aspecto divino, demostrando que una vez, sufrió por amor.
El diablillo me vuelve a susurrar y esta vez es para decirme lo buena idea que sería hablar con ella, pero él siempre tuvo más cojones que yo.
Cerramos la noche entre arte y buena gente, mi diablillo y yo que íbamos de grana y oro, decidimos que es hora de volver a casa, y lo hicimos saludando al amanecer de Madrid, y sin dejar de pensar que aunque no lo supiera, aquella chica ya formaba, una parte de nosotros.”
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