Corría el final de los años setenta y era una época de cambios. No había nada que ricos y pobres no quisieran probar y experimentar. Todo lo contrario, ya fuera en política, religión o normas sociales, la moda imperante permitía a unos y otros prestarse a sacar del baúl de los recuerdos, o mejor dicho, del trastero onírico particular, aquello que pudiera ser trasgresor, o aquello que les ayudara a tener la seguridad de estar vivos.
Madrid. Las dependencias en la sup
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