Donde allá Vallejos cruza a San Martín custodiás los autos en comida ajena, bajo un cielo propio desplegás tu escena, artista espontáneo, de fácil mohín. En la calle dura, el frío adoquín, la intemperie adversa de tu encrucijada, tu saludo amable, tu tierna humorada, son bellos manteles vistiendo la mesa, traen los condimentos de tu gentileza, y endulzan los postres en la retirada.
Tomando tu frase: “¡Es una excelencia!” te llamo “Excelencia” por tu bonhomía, por clase y carisma, estilo y valía
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