Este libro de habas contadas pretende echar cuentas de cosas claras y oscuras, ciertas y aproximativas, aunque sin mucha opción de ganancias contables. Un paquete bien envuelto con sabrosas viandas, escenas que en sí mismas son historias, breves, pero completas. Historias que abren la puerta a otras iniciativas a la hora de contar con más extensión, de forma más prolija las eventualidades de un personaje o de una idea. He pretendido cerrar la boca antes de dar por resueltos todos los enigmas.
Se arriesga en la hipótesis de que el gran Pitágoras de Samos creía que las habas también tenían alma y por eso se autoinmoló ante un campo de esas leguminosas por no pisarles las ánimas, tan frágiles al pie humano. En cualquier caso, yo sí creo que estas habas contadas que aquí acaban y han sido escritas con toda el alma, tienen una trascendencia que va más allá de lo evidente. Lo efímero en ocasiones vuelve a nuestro magín para quedarse.
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