Respirar parecía matar con suma lentitud. El aire les ahogaba y eligieron permanecer inmóviles, uno junto al otro, sin tocarse ni mirarse, en silencio. Cualquier movimiento alimentaba aquella asfixia. Había una simetría inusual en el lazo de aquellos dos pares de zapatos negros, inquietos sobre el vaivén de la madera, tratando de sostenerse sin un solo ruido. La muerte era como un retrato colorista y surrealista,...
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