Tras ocho años años sin orbitar en el mismo ecosistema, Francesca y Winslow vuelven a coincidir. Y cuando parecía que el destino por fin les había dejado la carretera libre para transitar en el mismo vehículo, resulta ser que ella está casada.
Espolvoreado por migajas de incentivos pasados, el joven se propone conquistarla; mientras que ella, se rehúsa en rotundo a permitirlo.
De este modo, ambos individuos se sumergen en una batalla campal donde los intereses actúan de escudo: el de él, poner el pecho para recibir todas las balas que las adversidades puedan arrojarle para frenar su cometido; y el de ella, evitar que siga desdibujando la línea que, desde que se reencontraron, fue lo único que debió existir entre ellos: su alianza laboral.
No obstante, la auténtica guerra sacará a la superficie sus raíces cuando Francesca empiece a contemplar la posibilidad de entregarse a sus deseos y, paralelamente, el rostro de su hermana, antigua novia de Winslow, su esposo y más que nada el de su madrastra, se erija frente a ella como una serie de manoplas de acero con picos.
Será ahí cuando una incógnita de peso monumental destellará en sus preocupaciones: ¿Qué vale más el sacrificio? ¿Asegurarle un futuro financiero a su familia, darse la chance de enamorarse de su marido y no traicionar a su sangre o...? ¿Perseguir el recuerdo de alguien que nunca dejó de ser uno, pero a quien todavía no ha podido olvidar?
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