E ntre el cielo gris lluvia de la tarde una cinta de luz anaranjada brilla en lo más alto de los tejados.
Allí, cuerpo negro, amarillo pico, llega en vuelo el mirlo, bate sus alas y lanza al aire su sinuoso silbo.
Embellece la escena, os lo juro, un perfecto, deslumbrante arco iris que desaparece como ha nacido. Siento instalarse la calma en mi pecho.
Ensimismado en las hermosas luces, veo la música hacerse silencio, adentrarse el vuelo en la oscuridad, fraguar en poema el canto, la luz.
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