Foto por Matthias Ripp Una ambulancia ulula en la ciudad fantasma. Redoblan los corazones de las almas heridas, lloran las aceras. Los niños no descansan, pues se saben inmortales en estas noches quedas. Hace días que los escaparates se recogieron, a ver pasar a algún viandante furtivo y ocasional. Las calles están vacías, impacientes de bullicio. El tiempo anda detenido por siglos: se regodea en los minuteros y las conciencias. Por cada esquina, plaza, bulevar, se respira una calma amenazadora
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