Beth era diferente a sus padres, aunque se esperara de ella el espíritu aventurero y la bravura de ellos, la joven Aigrefeuille era dulce, era tierna y tranquila. Pero eso no significaba que era débil, por mucho que quisieran pensar eso, ella tenía su carácter y, aunque no solía sacarlo todo el tiempo, estaba dispuesta a lo que fuera con tal de que lo que amaba estuviera a salvo.
Había tomado una decisión con el corazón, definitivamente no lo volvería hacer, había sido el peor error de su vida, aunque eso la hubiese convertido en una princesa, no le había asegurado la felicidad, de hecho, todo lo contrario.
Pero había jurado que jamás volverían a verle la cara como aquella primera vez.
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