Lo reconozco, me cuesta salir de la cama cuando suena el despertador. La galbana me invade, el cuerpo me pesa, diría que en lugar de huesos mi esqueleto lo formen piezas de acero oxidado; sin embargo, una vez logro ponerme de pie, me sacudo la pereza y salgo a caminar. Y os lo aseguro, no hay central de energía más potente que el verdor de los árboles. Caminar entre ellos recarga mi dinamo interno, me ayuda a enfrentar el día.
Quiero compartir con vosotros unos chispazos del poder verde que me r
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