Paúl y Pimba, un guacamayo azul y amarillo, viven juntos en una casa llena de color. Aunque se quieren mucho, Pimba tiene una dificultad: cuando algo no le gusta o se frustra, grita muy fuerte, como si llevara un altavoz dentro. Sus chillidos interrumpen los momentos cotidianos y asustan a Paúl, que no sabe cómo ayudarlo.
Un día, tras un grito especialmente fuerte, Paúl decide enseñarle a Pimba una forma diferente de expresar lo que siente. Le muestra un dibujo de un altavoz y le explica que, cuando grita, su voz “se pierde”. Juntos practican respirar despacio, contar hasta tres y hablar bajito. Aunque no siempre es fácil, Pimba empieza a recordar el dibujo antes de chillar y aprende a calmarse.
Con paciencia, cariño y nuevas herramientas para gestionar sus emociones, Pimba descubre que puede comunicarse sin gritar. Poco a poco, la casa vuelve a llenarse de colores y tranquilidad, y Paúl y Pimba aprenden a escucharse de verdad.
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