Serradilla del Llano, un pequeño y bonito pueblo de Salamanca a este lado de la Sierra de Gata, de La Alberca, de La Peña de Francia, de Las Hurdes..., mirando, naturalmente, desde el punto de vista de Serradilla… Un precioso río, el Agadón, ciñe el cuerpo de las tierras de Serradilla, por su cintura, con el plateado cinturón de plata de sus aguas cristalinas, desde el este hasta el oeste. El río Agadón nace salvaje, allí arriba, entre los peñascos y robledales de la Sierra de Peña de Francia... Los "serradillanos" llegaron a sus riberas procedentes de sabe Dios dónde, y sólo Él conoce también cuántos siglos hace. Pero yo diría que hace mucho tiempo, por los grandes y añejos castañares, que se podrían ver entonces cubriendo sus montes y valles, como una gruesa y antigua capa charra. Y también por las fabulosas historias y leyendas que los hombres y mujeres más longevos, narran al amor de la lumbre en las noches de las matanzas. Pues ellos, los serradillanos, al tiempo que iban construyendo sus casonas, y roturaban los bardales, carrascales y brezales de los tesos y los llanos, bordados de gorrones, se las apañaron para atrapar al bravo Agadón, amansarlo y domesticarlo como a una vaca lechera, casi desde su nacimiento. Y yo me atrevería incluso a decir que estos esforzados aldeanos: mis padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos…, han conseguido convertir a esta magnífica “criatura”, el río Agadón, en una especie de “cabra Amaltea”, la nodriza del dios Zeus, viviendo en buena parte de la “leche” sagrada, que él, el Agadón, extrae de los peñascales, así como del sol y de las nubes… El alimento que porta y reparte este ser podría compararse al “Ambrotós”, “la ambrosía” que hacía inmortales a los dioses de Grecia… Pero, en fin, quizás me he pasado una miaja… Muchas cosas se podrían contar sobre las labores, trabajos, lugares, topónimos…, y vidas y costumbres de estos rincones entrañables y de seres incansables… Y yo lo he hecho a mi manera: he escrito una crónica sobre él. Pero esta otra historia narrada en otro lugar… El relato que aquí y ahora hago para ti, está incluido en esa crónica, entre mil que podrían escribirse. Pero esta fabulosa historia, vivida personalmente por mí, he considerado que merecía la pena extraerla de aquel contexto y presentarla en forma de libro independiente. Todo comenzó en mi niñez, en los primeros años de 1950. Yo, el autor de este libro, estaba “enamorado”, desde mi primera infancia, de una niña de mi edad. Y ella de mí. Pero en mi ser se debatía un conflicto, también desde que nací, estoy convencido de ello, y era que yo quería ser cura, sacerdote en la religión en que fui educado: la cristiana-católica… Los sacerdotes católicos son célibes, y yo lo sabía… Así que, el problema estaba servido... Yo nunca dije una palabra a ella, ni sobre mis sentimientos, ni sobre mi conflicto interno… simplemente, nosotros “sabíamos” lo que había entre nosotros, y ya está. Pero un día sucedió que ella me declaró su amor, dejándome asombrado por su valentía, y por todo lo demás que este hecho planteaba en mi vida y en la de ella… Y en ese momento y lugar comenzó esta historia, mientras la vida fluía y nos arrastraba, como hace cualquier río, llevando consigo por delante todo lo que se pone en su camino…
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