No se sabe con certeza en el inicio del siglo XXI de lo que trata la filosofía dado que la filosofía tradicional está en crisis, puesto que desde el siglo XVI todos sus problemas, o casi todos, desaparecieron, resueltos por las ciencias. Eso sí, hay nuevos problemas ¿Hubo algo antes del Big Bang? ¿Existe un único universo o la tesis de universos sucesivos y/o paralelos es posible? ¿Para cuándo tenemos que estar viviendo en el espacio exterior cuando nos sea imposible vivir aquí? ¿Podemos trasladarnos en el espacio-tiempo a voluntad? ¿Hacia dónde nos lleva la integración de robótica-inteligencia artificial-genética? Son problemas estrictamente metafísicos, los únicos que vale llamar, en preciso sentido, filosóficos. Algo de esos temas y de otros se fueron acumulando a lo largo de una serie de breves artículos, que publiqué a lo largo del tiempo. El primero de ellos en marzo de 1999 y el último en marzo de 2015. Recuperar ese conjunto de reflexiones es el propósito de esta edición.
Priva una actitud optimista, positiva, sobre el impacto que la ciencia y tecnología tiene y seguirá teniendo en la vida de sus creadores, los terrestres, pero también sobre los cybors y más adelante los…sin certeza alguna. En términos de aspiración humana ese conjunto de problemas derivaron en mi adhesión a lo que se conoce como transhumanismo.
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