Frida está dispuesta a cumplir sus sueños, durante las vacaciones que pasa con sus padres, en la Costa del Sol. En su anecdotario, conserva los momentos que marcan su vida, ya sean buenos o malos, de los que hace balance. Está convencida de que estamos forjados por nuestras ilusiones y sueños, a los que hay que llenar de color, para evitar convertirlos en un vago recuerdo, en blanco y negro, que terminan por desaparecer. Juntos recordamos esa etapa de la adolescencia, donde va desapareciendo, nuestra espontaneidad innata, a la vez que surgen gran cantidad de cambios físicos, cognitivos, sociales y emocionales, que establecen nuestra vida adulta, donde cuestionar nuestra identidad sexual y explorarla, nos abre el camino a la madurez. Poco a poco, comenzamos a dejar volar, esos sueños que tiene alas y nos conformamos, con los que nos mantienen cerca de la realidad. Una ácida comedia, que nos devuelve ese sabor a sal, que llena de ilusiones los veranos.
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