Ya no había nada más que podía hacer.
Las ventanas me desgarraban los oídos tirándome cosas repugnantes y
humillantes. No había forma de salir.
Sean se encontraba esperándome en el patio trasero, pero "Les" no me deja
avanzar.
Les me dice que allí afuera, la niña de los brazos pútridos está por
entrar a la ciudad, pero no.. Yo no quiero oírla más. Les me dice muchas
cosas, pero cada vez que lo hace, este cuerpo putrefacto que siempre he
conservado, se va desbaratando más y má
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