LA REINA DEL EXILIO
Denise trabajaba en un bar de París,
fundaban sus muslos un nuevo país.
Penúltima hembra del vicio y del blues,
princesa de los exiliados del sur.
Denise nos vendía desde su estampita
la sed de Malena y el hambre de Evita.
Un faro en el frío, un corcho en el mar,
un fósforo rubio en la oscuridad.
Bésanos, bésanos,
bésanos como una guitarra,
que las estrellas sobre tu cama
parezcan un mapa.
Llévanos, llévanos,
llévanos sobre tu bandeja,
hasta encontrar el Paraná
a orillas del Sena.
Denise nos amaba paciente en su pieza,
poniendo en sus labios canciones francesas,
mas cuando se abría como una medusa,
era un bandoneón de piel, en las uñas.
Denise abrazaba mirando a lo lejos,
y criollos malones saqueaban sus besos,
pero sus pupilas estaban alertas
por si la ternura golpeara a la puerta.
Déjame, déjame,
déjame que vuele en tu boca.
La Cruz del Sur bajo tu falda
alumbra milongas.
Bésame, bésanos,
bésanos, que en tu pechos sin calma
como en la pampa, gira la ronda
de nuestros fantasmas.
Cántame, cántame,
cántame, que en tus sábanas negras
sangro poemas contra el olvido,
anclao en París y en tus piernas.
Letra y música: Fernando Montalbano.
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