Hace muchos años, cuando apenas había comenzado a aprender a escribir, vi desde la entrada del pueblo cómo una niña, de algunos años mayor que yo, se dirigía por el sendero hacía el bosque. Temeroso y sorprendido, por los cuentos de criaturas malignas que me habían contado, intenté correr hacía ella para detenerla, pero un brazo fornido me detuvo junto con un ceño fruncido. Conté durante años lo que había visto, pero esa linda chica jamás había aparecido. Hasta este día, que la contemplaba, como
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