No es tan terrible estar solo. Nada tiene de terrorífico, en sí mismo, el hecho de hallarse a solas en las más diversas circunstancias o en uno u otro lugar. Lo verdaderamente terrible y angustioso, aquello capaz de causar espanto e inquietud sin límites en nuestra alma, es el sentimiento íntimo y subjetivo de la soledad, la emoción de sentirnos inmensamente solos con independencia de que nos encontremos en el desierto más inhóspito o en nuestra propia casa, en la ciudad más tumultuosa o en un p
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