Un hombre entra a robar a una casa sabiendo que la dueña se encuentra en el interior. La chica, al verse ante tal situación no hace nada y actúa con normalidad, pues sufre de ataraxia, una total ausencia de preocupación y temor ante cualquier cosa, lo que fastidia los planes del ladrón, que no está robando por dinero, sino para vivir una experiencia peligrosa, pues padece el síndrome de Pontius, adicción a la adrenalina y al riesgo extremo, sensación que desaparece al ver la tranquilidad de la joven. Siendo dos polos opuestos, llegarán a un acuerdo para que ambos salgan beneficiados de esa situación tan inverosímil.
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