Quedarse en el pueblo cuando todos se van es un acto de resistencia extrema. Es un alegato por la libertad personal, una lucha constante contra la muerte y un enfrentamiento contra un mundo cambiante. Los mayores de la España rural quieren morir donde nacieron, quieren ser enterrados con su familia, volver a su huerta y moverse por sus casas viejas. Aunque se queden sin vecinos. Confinarlos en un apartamento es anunciarles el fin. Este libro es un homenaje a una generación que se vio obligada a aceptar que una forma de vida mantenida durante siglos desaparecía de un plumazo. Una generación que guardó silencio porque vivió con el miedo del que vive una guerra y una dictadura. Una generación que dejó una España de nietos que no tienen muy claro quiénes fueron sus abuelos y ya no pueden preguntar. Alumbrarse con candiles, cuidar un pueblo vacío, enfrentarse a uno de los hombres más poderosos del mundo para morir en el pueblo, reconstruir la aldea materna, seguir haciendo navajas en la fragua con 92 años y vivir a 3 horas y media a pie de la tienda más cercana son los últimos actos de resistencia de los moradores de una España que aún pervive y sobrevive en las zonas más remotas, despobladas e incomunicadas del país, aunque la dictadura de las mayorías les haya ido dejando sin servicios ni infraestructuras mientras todos se iban a la ciudad.
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