Querida Luna…
Siempre intenté comprenderte, darte lo mejor de mí y ahora descubro que te alejas, que aunque yo intentaba comprenderte, tú no llegabas a entender mis palabras. Debería haberlo sabido antes, esas noches en las que brillabas resplandeciente y yo te hablaba de mí; ¿cómo no vi que era absurdo que me hicieras caso cuando tu luz o tu oscuridad eran más interesantes que yo?
Nunca traté de ofenderte cuando me hablabas del cielo y yo te decía que yo vivía en la tierra, que me interesaban
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