No, no te engaña tu oído. Son pasos apresurados y voces asustadas lo que escuchas, viejo Amós. Estás aquí, sentado, recostado contra la fría pared, dormitando, con tus recuerdos a cuestas, los buenos y los malos, los próximos y los lejanos, los nítidos y los difuminados, y te han distraído esos ruidos, esa bulla ajena a este lugar silencioso y húmedo. Pero, sobre todos, te ha sobresaltado el grito agudo y penetrante. Jurarías que ha sido un niño o quizá una joven muchacha. Musitas, Otra vez los
Creative Commons Attribution 3.0