Esa parte hiriente, ese dolor de amar, esa consciencia de reconocer todo lo que no funciona, ese conocimiento profundo del alma y del ser, ese llanto silencioso e inconfesable del espíritu que no encuentra consuelo en lo que el mundo exterior le solicita, ese tratar de ajustarse sin lograr ni siquiera acercarse a conseguirlo, ese duelo interno que se escapa de la compresión de un entorno que no entiende su sentir. Esa Virginia considerada solitaria y triste, depresiva, bipolar, con un mundo...
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