UNA TARDE, A LA HORA DE LA SIESTA
Despertar.
Ignorar el día y la hora,
quién soy y dónde estoy, por un instante,
hasta tomar conciencia y advertir
el pulso recobrado de la vida
que, con su esencial bagaje,
al punto que me informa
me define y me limita.
Atónito el ocupante
de la torre, Segismundo,
o el más que improbable,
repelente, aunque humano y compasible,
ortóptero kafkiano
se revelan
no mito ya legendario,
ni delirio extravagante
o insólito,
sino exacto paradigma
y verosímil
en virtud de e
Creative Commons Attribution Non-commercial No Derivatives 3.0 (Spain)