Primero despertar, desperezarnos, desordenar del todo aquella cama, dejar un poco de nosotros indolentemente, abandonarnos algo cada día en forma de calor y olor entre las sábanas, llegar unidos pero sin soñarnos a una mesa enorme donde nacen espontáneamente tazas, leche y algo de café y sentarnos, sentarnos frente a frente y comenzar un ritual interrumpido, a veces, y es que, a veces, una mirada que nos llega muy adentro y habla o nos transmite, o una sonrisa viva y plena, una satisfacción, una
All rights reserved