El verde era oscuro, sobrio, con textura de terciopelo. Por detrás no: por detrás las hojas eran una mezcla entre magenta y burdeos, un contraste insólito con el verde en cuestión.
Ese mismo magenta cruzaba cada hoja en forma de venas simétricas y equidistantes, nervaduras intensas en las hojas maduras y apenas trazadas en las tiernas.
Un día la miré con fijeza y decidí que era una lástima que una planta tan bonita creciera de forma tan caótica en la maceta. Había raices aéreas, zonas de tierra
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