A sus quince años, Chirrisca se considera una boyera, encargada de los bueyes de su finca, con quienes tiene toda la vida compartiendo. Un acuerdo de su familia con el ingenio azucarero, convierte todo en un desierto verde. No solo los bueyes pasarán a ser innecesarios. Chirrisca, aferrada a sus deseos de libertad, resiste y encuentra un nuevo rumbo.
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