Era medianoche justo en el equinoccio de primavera. José y María llegaron a Puente Viesgo y preguntaron a un hombre en la entrada del pueblo. El señor les indicó el camino.
—Por ese camino, siga el cauce del río, al fondo está la posada - les dijo-
Era un caserón grande, con aspecto misterioso como las fotos de un cuento. Mientras José estaba en recepción comprobando la reserva, María se había quedado en la entrada esperando con las maletas. En un árbol cercano, un movimiento le llamó la
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