Me mantuve callado, observando mi alrededor, pero sin decir siquiera una sola palabra por miedo, miedo al prejuicio, a que mis palabras no sean escuchadas, miedo de las burlas, miedo. De tanto escuchar se puso en marcha el reloj, era cuestión de tiempo... y cual bomba estallé, rompí el silencio, sin gritar, ni susurrar, callé al miedo hablándole en voz alta.
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