Norma es la secretaria de un alto jefe de una institución. A pesar de su carácter un poco autoritario, tiene un corazón de oro. Ella está muy satisfecha con su excelente desempeño en el trabajo y se jacta de que jamás, ¡óigase bien, jamás! ha cometido un error en sus labores. Se considera a sí misma como una secretaria modelo.
Norma está muy entusiasmada porque está a punto de ser abuela, por lo cual pide un asueto para poder organizar una reunión familiar festejando el ya próximo nacimiento, permiso que le es concedido. Pero la noche anterior a la reunión recibe una llamada perentoria de su jefe notificándole que, lamentablemente, tendrá que ir a trabajar porque debe atender a unas personas muy importantes, y él sólo confía en ella. Para colmo, Norma comete un error garrafal que le da un giro inesperado a los acontecimientos.
Este jocoso monólogo es especial para reconocer el trabajo de empleadas y empleados en sus puestos de trabajo.
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