Tras rodar una escena en la que el protagonista realiza un diálogo machista y ofensivo, Sandra, la productora ejecutiva de la película, detiene la grabación.
Sandra le reprocha a Juan, el director, que esos diálogos son muy machistas y que ni estaban en el guión original. Al no llegar a un acuerdo, Juan dimite.
Sandra, frustrada por la situación, busca a Raúl, el guionista. Raúl está enfadado por lo que están haciendo con su guión, y muestra su descontento a Sandra, que entre tanta discusión, lo despide.
David, un cámara, comenta que tiene que irse, aunque acepta quedarse como un favor. Entre todo este embrollo, llegan a plató los de la empresa de equipo audiovisual para llevarse el material, ya que el alquiler es hasta ese día.
Sandra explota y maldice a todos los presentes mientras el plató se va quedando vacio. Al final solo queda un escritorio iluminado por un triste flexo con el guión de la película "Todo puede cambiar". Sandra lo arruga y lo tira a la basura.
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