Un hombre humilde es inducido por otro hombre sin escrúpulos a construir un rancho (chavola) en una quebrada próxima a la Capital con la intención de que, cuando lleguen las torrenciales lluvias de cada año, las aguas se lo lleven y así obtener del Estado una casa, como compensación por haber sido damnificado. La riada, en efecto, se lleva el rancho, pero algo sale mal: su hija, de pocos meses, es arrastrada por la corriente y nuere.
La escena se sitúa después de la tormenta; con la madre arrodillada aún sobre el fango y con el cuerpo de la niña muerta en brazos.
La acción se desarrolla durante el breve tiempo en que el hombre permanece abrazado a su esposa intentando levantarla, y es presentada en forma de recuerdos: los esfuerzos del compadre por convencerle, el nacimiento de la niña, los breves momentos vividos por la familia en el rancho y, finalmente, la tormenta con la riada y los esfuerzos del padre por rescatar a su hija de las aguas.
El final tiene lugar al día siguiente después del entierro, cuando el compadre intenta en vano consolarle.
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