Jorge ha superado los treinta años pero sigue viviendo como un adolescente vago e irresponsable. Sólo le interesa beber cerveza, ver la tele, jugar a la videoconsola, usar aplicaciones del móvil para flirtear y salir de fiesta siempre que puede. Lo de buscar trabajo y responsabilidades de adulto prefiere dejarlo para la semana o el mes que viene.
La mañana de ese día se despierta en casa de un amigo, con una resaca del copón. Obligado a marcharse deprisa y corriendo llega a su pequeño apartamento tras una larga caminata regada de esporádicas vomitonas callejeras bajo un sol de justicia. No tarda en percatarse de que ha olvidado las llaves y el móvil. Por fortuna se las arregla para entrar en el hogar de una forma un tanto estrambótica. Ahora sólo quiere seguir durmiendo.
Pero su sueño se ve interrumpido por su hermana Mónica, que viene acompañada por su hijo, Miguelito, de nueve años y ataviado con un disfraz de superhéroe. Se ha pasado un buen rato llamándole al móvil, así que está un tanto ofuscada y lleva más que prisa. Mónica es todo lo contrario que su hermano. Lleva el trabajo y el esfuerzo en la sangre, le salpica la mirada. Necesita que Jorge se quede con Miguelito. Es urgente y COMPLETAMENTE necesario. Su canguro habitual le ha fallado y no se fía de ninguna. Tampoco confía en su hermano, la verdad, pero…
Jorge le suelta vagas excusas que acaban con la paciencia de Mónica, a la que no le queda más remedio que amenazar a su hermano menor. Y más le vale a Jorge atenerse a las consecuencias, porque lleva viviendo de su hermana desde que murieron sus padres. El apartamento pertenece a Mónica, que además sufraga con todos los gastos de Jorge porque sabe que a “mamá se le partiría el alma si te viera viviendo en la calle”. Así que o cuida del niño o más le vale que vaya buscando trabajo y casa.
No hay nada más que hablar. Miguelito se queda con Jorge, que intenta distraer al niño en los primeros momentos pero que no tarda en volver a quedarse dormido. Miguelito se aburre hasta que descubre a una chica de su edad observándole por la ventana. Yoli es el nombre de ella y Miguelito piensa que ella es preciosa. También muy rebelde. Una verdadera chica sin miedo en busca de aventuras. Yoli le avisa de que su tío es un desastre. Miguelito le informa de que su madre le dice lo mismo. Ella le ofrece salir por ahí. Miguelito acepta.
Cuando Jorge despierta a mediodía tarda en acordarse de que Mónica le había dejado a su hijo y aún tarda más en percatarse de que el chico no está en la casa… ni en los alrededores pero lejos de agobiarse se lo toma con mucha calma y lo primero que hace es gastarse unas monedas que ha encontrado en el bolsillo de su pantalón en la tienda de gominolas e ir a recuperar sus llaves y móvil, encontrándose por el camino con Domi, su mejor amigo, un joven de diecinueve años y la misma pachorra que Jorge, pero que le ayudará, o algo así, en su tarea.
No lleva ni cinco segundos con el móvil en la mano cuando Mónica le llama para saber como está Miguelito. Jorge miente sin demasiada habilidad. Pero ahora sabe una cosa: tiene que dejarse de monsergas y encontrar a Miguelito YA MISMO.
En su aciaga y forzada búsqueda, y con la inestimable “ayuda” de Domi, se cruzará con su ex novia (que sigue enamorada de él pero que no veía futuro en una relación seria con Jorge), amigos que más valdría tener lejos, enemigos que le echaran una mano, policías que le complicarán la vida con su ineptitud y demás gente del barrio que lo vio crecer y forman parte de su pasado… incluyendo a un ex oficial nazi, ya muy envejecido, que decidió instalarse en el pueblo costero hace ya muchos años y al que todos evitan o directamente temen, sobre todo por su nieto, un pendenciero de cuidado con una novia cortada por el mismo patrón que odia a Jorge por un asunto del pasado.
Lo peor es que Yoli, y su lacayo Miguelito, han decidido que el viejo y su mansión (del que corren por el pueblo centenares de leyendas) serán los protagonistas de sus ansias investigadoras infantiles.
Jorge tendrá que dejar de ser un patán y demostrar a todos, sobre todo a sí mismo, que no es un completo desastre y que es capaz de cualquier cosa por encontrar a Miguelito y evitar que a su hermana le de un ataque al corazón.
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