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Lluvia
01/01/2016
La lluvia golpeaba la ventana, las gotas estrelladas descendían como lágrimas en la cara sucia de un niño. Al otro lado, Elvira, seguía los caminos del agua con la yema del dedo índice pegada al cristal. El apéndice era el conductor de un frío que moría gradual al avanzar el brazo, cuando el calor del pijama masculino de franela ganaba la batalla en la sensación del cuerpo. La sacó del ensimismamiento el vibrar del teléfono móvil sobre la mesa, su zumbido golpeando rabioso la madera com
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