El problema del libre albedrío es probablemente el más irresoluble de la filosofía y ya hemos hablado aquí de él. Mi postura es que lo que somos es fruto de genes, ambiente y azar y que no tenemos ni voz ni voto en nada de todo ello. Lo que hacemos es consecuencia de lo que somos y, por lo tanto, si no hemos elegido lo que somos no hay mucho lugar para decir que hacemos libremente lo que queremos. Pero, como se suele decir, el jurado sigue reunido y no hay todavía sentencia final sobre esta cues
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