La violencia doméstica hace referencia a todas aquellas situaciones de violencia que se generan dentro del ámbito familiar, entre personas que sostienen o han sostenido un vínculo afectivo, conyugal, de pareja, paterno-filial o semejante, con la víctima1. Aunque este tipo de violencia, conocida también como violencia familiar, ha estado siempre presente a lo largo de la historia de la humanidad, la atención criminológica del fenómeno es, si embargo, bastante reciente, acentuándose especialmente en las tres últimas décadas, cuando se toma verdadera conciencia de la magnitud del problema social que supone el maltrato en la pareja. Hay que recordar que incluso este tipo de hechos delictivos entraban en ámbito conocido como “crímenes pasionales”, quedando inmersos en un halo de privacidad dentro de la esfera familiar que difícilmente conseguía la repulsa social que dicho acto requería.
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