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10108 results found for tag:"prosa".
2403117303534
Fatalidad
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/E/elvientosedesp.pdf El viento se despereza en geometrías que, tan rígidas, se sueñan ― a sus formas, dispares o diversas ―, lejos, liberadas de curvaturas y de ángulos, despeinadas por el soplo, desencantado, de la espera, redonda, rotunda, de un de siempre o por nunca saberse (o recordarse, al menos) verdaderas y, a su silbido (de él) de dedos largos y sabor a…― sin querer traicionarse tan del todo ― almendras. 26 de marzo de 2016
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2403117303442
Glamur
03/11/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/G/glamur.pdf Miro en televisión un reportaje sobre el Al Andalus, cosa por lo visto glamurosa, y lo primero que me echo en cara es un matrimonio que… ¿Cómo lo explicaría yo? Mujeruca de aspecto vulgar con camiseta de media manga y rayas horizontales y consorte con camisa, también de media manga, de cuadritos. La reportera se dirige a diferentes pasajeros preguntando muy correcta y sonriente el motivo del viaje. La mujeruca de la camiseta a rayas explica que es un regalo que ella y su marido se hacen después de treinta años de muy duro trabajo. La reportera pregunta cuál es ese trabajo, y la mujer responde “yo carnicera, y él charcutero”. Entran en el compartimento y la mujer de la camiseta se tira sobre la cama, riendo y agitando piernas y brazos como un bebé; luego lo revisa todo, abre todas las puertas de todos los armarios y armaritos y, satisfecha, sonríe y da un beso al hombre de la camisa de manga corta y cuadritos, que sonríe también. Más tarde se ven unas imágenes del vagón restaurante, con los comensales sentados a las mesas y respondiendo a las preguntas de la reportera que sí, que la comida está muy rica. Todo lo que se ve tiene aspecto lujoso, en la línea de lo que una puede imaginarse que fuera en su día el Orient Express o, al menos, el único Orient Express que yo imaginara a la vista de la película basada en la famosa novela de Agatha Christie. Antes, hasta más o menos la mitad del siglo XX no había turistas. No había personas que sin necesidad alguna se subieran a un tren o a un avión para recorrer un mundo en el que no se les había perdido nada y acudiendo a lugares en los que su presencia no era en absoluto necesaria. Los que viajaban por entonces eran estudiosos, o aventureros o desocupados, ricos ociosos que podían permitirse el lujo de vagar sin rumbo y sin tiempo tasado tan sólo por el gusto de sumergirse en otras culturas, otras formas de vivir, otras costumbres, sabiendo de antemano que iban a ser culturas y formas de vivir y costumbres que no lo tenían contemplado a él, el viajero, y que no estarían por tanto pensados ni diseñados para él, ni a su medida, y que sería él, el viajero, el que hubiera de adecuarse a lo que había. También es posible que viajase gente no tan rica ni tan desocupada pero impelida sí por quién sabe qué necesidad que a mí no se me esté ocurriendo. Pero, en cualquier caso, era el viajero el que se amoldaba al entorno, en todos los aspectos, desde los gestos a la vestimenta o a la forma de comportarse en cada lugar y cada ambiente. La vestimenta. Me quedo atrapada en el tema de la vestimenta. ¿Cabe imaginarse una cena, ni siquiera una comida, en el vagón restaurante del Orient Express con los comensales ataviados con camisas (ellos) de manga corta, a cuadritos, y los faldones por fuera y, ellas, con camisetillas a rayas? ¿Cabe imaginarse un matrimonio compuesto de carnicera y charcutero moviéndose con un mínimo de gracia o de soltura en ambiente glamuroso? ¿Cabe imaginarse a una dama encopetada, de las de entonces, codeándose con estos personajes y comentando lo rica que está la comida? ¿Queda glamur en alguna parte? ¿De qué hay que vestirse y dónde ir a buscarlo? Vivimos unos tiempos en que todos tenemos derecho a todo, eso nadie lo duda; tiempos en los que quién se lo pueda permitir —aunque sea a base de pasar estrecheces para ir ahorrando o romper un cerdito alimentado moneda a moneda durante años — irá donde le venga en gana sin más objeto que el “darse un homenaje”. Pero… ¿qué es darse un homenaje? ¿Amargar la vida del viajero de al lado que, a lo mejor, igual que yo, imaginó que encontraría glamur, lujo y encanto y todo lo que encontró fue un hatajo de horteras dándose el homenaje suyo? Claro que, imagino también, no existe ese otro “viajero de al lado” al que amargar vida ninguna porque bastante inmerso andará él en, ataviado con su propia camisilla, amargar la del siguiente que, también en camisa, andará a su vez inmerso… Vamos, que si alguna vez pensé — que no lo creo — en darme un homenaje, he cambiado de idea. Y todo porque, en uno de esos ratos en que no sabe uno qué hacer con sus huesos, no se me ocurrió otra cosa que mirar la televisión. Voy a darlo, sin embargo, por tiempo no perdido ya que, bueno, he aprendido algo que, por otra parte, debería estar sabiendo… Y sé, en realidad, pero siempre queda en algún reducto estúpido del alma la esperanza de que quizás en alguna parte del mundo o de otra alma quede un algo, un resquicio, un atisbo, de qué es la verdadera calidad de las cosas y que, también quizás, no sea dinero lo que hace falta para acceder a esa calidad y reconocerla. Pero… ¿qué será esa otra cosa que hace falta? ¿Quién la tiene? ¿Dónde hay que ir y cómo hay que vestirse para salir a buscarla, y para reconocerla, y para que te reconozca? 3 de octubre de 2013
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2403117303268
La diéresis de los aguacates
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/L/ladieresis.pdf La gente del lugar aseguró que el sonido se había ido haciendo más intenso a medida que la mañana avanzaba y los descarriados correteaban en todas las direcciones susceptibles de ser interpretadas en medio de la barahúnda de órdenes contradictorias suplicando rodilla en tierra y los ojos anegados en lágrimas ser cada cual y en lugar de ninguna de las demás impostoras la atendida en su ruego de que por favor y lo que más quisieran los más fervientes amantes o rendidos admiradores al menos de la verbosidad se retirasen los acaudalados con posibles lesiones de mayor cuantía a sus aposentos y a sus oscuros chiribitiles los menesterosos desposeídos de miserias de postín o infortunios de más o menos pacotilla si bien se dejaba a libre elección de los enamorados tibios e incondicionales con acreditación en regla pero enardecimiento ostensiblemente rayano en el escepticismo el permanecer en campo abierto o al amparo de las marquesinas de las paradas de autobús a la espera que tras un corto periodo de nuestra historia más reciente en que había adquirido el rango fugaz de juramento había terminado por claudicar accediendo a tan sólo prometerse larga pero bastante en justa compensación entretenida de que comenzase ya un reparto que colmaría las aspiraciones de los más desprendidos ya un espectáculo que llenaría a rebosar los anhelos de los apenas adornados con cualesquiera de los cinco sentidos que venían siendo comunes y portadores de muy serios encorbatados y circunspectos augurios de mantenerse imbatibles en lo más alto del podio mientras no aconteciese la nueva hecatombe exigente con autoridad que en nada iba a la zaga del soberbio poderío con que nos asolaran los más venerables cataclismos de antaño de la tradicional alborozada inmolación solemne de los varios centenares de aspirantes que tras un muy reñido concurso oposición habían logrado la ansiada categoría de víctimas en tanto los extranjeros se desgañitaban dando fe de que nada de eso sino que y muy por el contrario todo había sucedido durante la noche en un silencio casi sepulcral y absoluta quietud y sin más lágrimas que las de algún incorregible precepto nostálgico añorando las sobrias disposiciones despóticas con que él y sus homónimos se habían hecho cumplir de toda la vida. Pero la hecatombe no llegaba. 27/07/2009
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2403117302933
Lejos
03/11/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/L/lejos.pdf Lejos de las palabras del mundo, lejos de los sonidos del mundo, lejos de los colores del mundo, lejos de los olores del mundo, lejos de las miradas del mundo, lejos de la indiferencia del mundo, lejos de las lágrimas del mundo, lejos de las risas del mundo, lejos de los miedos del mundo, lejos del olvido y los recuerdos, lejos del dolor y la esperanza y de la desesperación del no hay remedio hay un lugar vacío, sin espacio ni tiempo, sin mundos habitados por más nada que todo cuanto fue a parar en nada. 20 de noviembre de 2015
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2403117302711
Maldito puto sentido que...
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/A/algoledeciaenvoz.pdf Algo le decía en voz muy baja y entrecortada, como con interferencias, que eran los mismos sonidos de siempre aunque sonaran como nunca. Y los mismos olores y los mismos sabores por más que se obstinaran en quererle resultar desconocidos o, peor aún, traicionarla mostrándose como ella sabía muy bien que habían dejado de ser hacía ya décadas. El rojo de los sábados, por ejemplo – se dijo; y la voz que pero eso era un color; y ella pero que la traicionaba también, así que valía –, el rojo de los sábados de su infancia tal vez porque por entonces era el color que más le gustaba. Y el azul para todo lo dulce, y la acetona para quitar el esmalte de uñas que era como dar un mordisco a una manzana Verde Doncella. – Os conozco. No penséis que porque no os recuerde vais a engañarme. Y el tacto, ese tacto escurridizo de lo inasible que, por alguna razón que nada más podía ser extravagante o estúpida (que qué diferencia podía haber), se empecinaba en jugar al despiste y mostrarse similar al de… Maldita fuese que ahora también la iba a traicionar el de… ¿Cómo coño se llamaba aquel puto sentido que no quería venirle a la cabeza? Y la voz “qué más da si total ya has mezclado el azul de los domingos con el sabor de la acetona”. Y que si hacía falta ponerse tan minuciosa. Y ella que no, claro, pero que le fastidiaba no poder localizar por más que se esforzaba el color de los lunes de invierno, cruzando aunque hiciera sol el bulevar camino del colegio. – Pero – al sentido o lo que aquello tan arisco fuese – también a ti te conozco ¿Qué te has creído? Y, aunque ni se lo dijo ni la voz rechistó afanada tal vez en aclararse o buscar el registro adecuado para resultar nítida, supo imaginar que algo increíble – de lo que no cabía sospechar que fuese a desnudarse, allí, delante de todo el mundo (o lo que aquello tan homogéneo, uniformado, fuese) sin más fin ni objeto que el de, en números no menos redondos que ello, venir a destrozarle la vida una vez más – estaba a punto de caramelo de suceder. Y la voz, aclarada y ya nítida, emitió la misma risita burlona de siempre; tan del todo inconfundible que, también como siempre, la tranquilizó como nunca. 27 de marzo de 2019
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2403117302414
No pases por mí
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/N/nopasespor.pdf No pases por mí me dijo el tiempo que no marchaba ni hacia atrás ni hacia delante mientras yo me apresuraba a demorarme pasando de la ansiedad a la angustia, de la tensión a la calma, de la lágrima a la risa, de la euforia a la desgana que por turno me apremiaban en mirándolo marcharse antes de que se llegara. 15 de junio de 2015
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2403117302209
Por destierros y desmontes
03/11/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/S/sinapismo.pdf Sinapismos, claroscuros, cenefas de condominios insuflando en los berridos de los que ruedan contritos por destierros y desmontes y desmandes y estratíficos lubricantes de sentidos áridos y ya cercanos, cercados de sal y un ruido que ensordece los pies quietos amarrados al berilo de rojo encendido soplo de verdor y de estreñido amaranto sin pompones, ni colmillos, ni ruibarbos que aderecen de su llanto ni de sus aciagas lepras tantos barriles de lágrimas derramados en la arteria central de lados tan romos, tan torcidos, tan estrechos que apenas si cabe un hito en que anclar la mar de yertas contumacias de arrogantes hululancias al descuido de veladas insolencias asoladas de pretiles de pozos en cuyos fondos, sumergidos en el limo, reposan los cantos mixtos de terror y de perfidia que acotaron en sus rimas y en su punzar y en los brincos de los alados disturbios que aquejaron los pingüinos y las trombas y los filtros de quién sabe cuánta vacua desternillada inmundicia; colorean, en sus dos vueltas de llave cerrando ojos, a cal y a canto los sones perdidos en el encuentro desmedrado de rumores alertando que ya llegan tiempos que traerán horrores. 1 de octubre de 2011
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2403117302094
Por más que
03/11/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/P/pormasquecien.pdf Por más que cientos y rayas diera al destierro qué vuelve no regresará por nunca, como de nunca fue siempre, qué revertir a su cauce cuando se perdió qué fuese lo que fuera de nosotros, más allá de nuestras mentes, en las almas habitase creyéndose que sería qué que perdurar por siempre y prevalecer sin traza, inmaculado e indemne, por encima y a cubierto de torcidos pareceres trazados a mal resguardo de la Verdad indeleble. 21 de marzo de 2018
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2403107297997
Presagio
03/10/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/H/presagio.pdf Tal vez entre las ramas azuladas de un otoño tardío o las fauces herméticas de un cielo de armadillos, pudiera, si el canto de los asteriscos no se quebrase en los ángulos moribundos ya de una bandada de perfiles, asirse y, aunque fuese a muy duras penas, trepar hasta la lúgubre hondonada que se deshacía en protestas errabundas, para, allí, tras desperezarse y bostezar, reunir las escasas prendas desparejadas y dispersas de valor que aún conservaba y descender, desde lo más profundo, a encaramarse, ya se vería si a tientas o a horcajadas, sobre el fragor, aquejado ya de su sempiterno halo ahora sin brillo, y velar, ora los muertos o unos cuantos olvidos, ora los restos de algún festín nupcial o a contracorriente y moliente despertar sobresaltado. Porque la suerte, bien lo sabía, vendría, con su paso tan vivo y siempre tan solícita, a mostrarse una vez más distante cuando no abiertamente y a pecho descubierto esquiva. 12 de febrero de 2023
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2403107297935
Problema
03/10/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/E/eranecio.pdf Era necio, estúpido, tan asustadizo e irresoluto y pusilánime que creció solo, confinado en sí mismo, temiendo que algo, allí afuera, quién sabe qué inteligencia odiosa o temeraria, de esas que no se arredran ni se achantan, pudiese resolverlo. 27 de abril de 2019
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2403107297881
Prueba superada
03/10/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/P/pruebasuper.pdf Pensó que si lo mantenía por un tiempo que no sabía de antemano aventurarse a presumir cuánto ni de qué calidad — tampoco tenía por seguro que fuese propiamente una calidad lo que pudiera adornarlo, pero no se iba a detener ahora en el detalle que, ese no, imaginaba, tan pequeño, capacitado aun para algo tan… ¿alambicado?; no tampoco era exactamente alambicado pero consideró que como para un primer esbozo que a saber si prosperaba bien podía valer lo dejó, estar, “alambicado”, y sin reflexionar demasiado añadió “para la gratitud” — pudiera ser, sin dispersarse ni dejarse desviar de su propósito por nimiedades como las anteriormente expuestas, se sentiría halagado y, este sí, respondería prestándole ( aunque fuese a muy corto plazo y bajo unas condiciones que dudaba estar algún día en situación de poder satisfacer sin tener que sacrificar parte, si bien — consideró también y sin dejar de tener presente que si la suerte acompañaba , que por qué una suerte tan por de suyo inclinada a la ventura iba a negarse a acompañar, ¿verdad? —no tendría obligatoriamente que ser la más sustancial, del esfuerzo o, caso de que la suerte no alcanzara, hipotecar las joyas de la abuela) la estabilidad por la que desde tan antiguo venía suspirando. Y lo mantuvo, sí, precario en un principio —o en precario al principio, que a ella tanta precisión empezaba a aquellas alturas a darle un poco igual —pero notando cómo se iba de a pocos afianzando y empezando a mostrar un perfil prometedor. Y debió de ser que la reconfortante sensación la alentó, y que, aliviada, diese llevada de una incipiente felicidad y sin querer, sin pensar, un suspiro no como aquellos tan iguales, tan monótonos y casi cansinos, a los que estaba habituada desde tan antiguo sino nuevo, o distinto, o quizás más fuerte, o profundo, un suspiro que la sacudió con tal violencia que la hizo perder pie. “¡Desagradecido!”, le gritó mientras caía. Y cambió, sin inmutarse, de pie. 27 de junio de 2014
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2403107297867
Puñados de arena
03/10/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/P/punadosdearena.pdf Puñados de arena deslizándose entre los dedos regando a sorbos cortos los días finos y dorados de espacios abiertos al tiempo de los cintillos desatados del yugo de sus trémulas y casi escuálidas sonrisas que derritieron en su candor las pálidas confluencias de peldaños desgastados por el uso indebido de quienes transitaron por el mundo de los almanaques deshojados buscando en él los surcos que dejase la huella de un futuro que llegó acalorado, sudoroso y diciendo que en un cruce de olvidos tomó, sin darse largas, el camino equivocado de un idioma sin puntos y sin márgenes que agitaran pancartas en manos de sirvientes uniformados propugnando las bondades de notas inaudibles galopando tras sus símbolos, representativos o enigmáticos, perdidos en los fondos oscuros de abismos a los que las carcajadas de los muertos los despeñaron; serpentean hasta el lugar del que nunca debieron ausentarse, buscando, poco menos que a ciegas, el que fuera su cauce. 26 de mayo de 2011
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2403107297836
Recreación
03/10/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/R/recreacion.pdf Si descubrir que se había perdido todo un día en tratar de encontrar una pregunta bien hecha no redimió a los buscadores de la culpa de no haberlo preservado de tal daño ni de sentir, en los fondos de sus almas, el profundo vació que había dejado la ausencia de aquellas veinticuatro horas que, en justicia, no merecían ser más añoradas que cualesquiera otras de otros tantos días desperdiciados en buscar las respuestas que fuesen a esclarecer sus respectivas noches; no redimió, tampoco, a los artífices de tan fatal descubrimiento de la pena de vida que cayó, con todo el peso de una humanidad tan grande y tan sumida en la abundancia, no sólo sobre ellos sino bajo la mirada implacable de los hacedores de nuevos tiempos que, defraudados, desesperanzados de sí mismos y de sus habilidades para abordar hechuras diferentes se negaban, sin embargo y para estupor de los que aguardaban impacientes y conteniendo la respiración presas del pánico, a seguir confeccionando, en su desánimo, ni siquiera una pequeña remesa de los tan consabidos e insignificantes segundos de siempre. 18 de julio de 2017
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2403107297621
Sesiones de espiritismo
03/10/2024
Amada Asís de Jaula
https://valentina-lujan.es/S/sesionespir.pdf ... mi madre iba entonces al armario y, de entre las sábanas mezcladas con las toallas y los jerséis, sacaba un cartón redondo que llevaba dibujada en el centro una especie de estrella de tres puntas; esas tres puntas se prolongaban para separar en tres grupos las veintisiete letras del alfabeto que bordeaban aquel cartón que en casa se conocía como el disco. El disco ― que no era ninguna chapuza casera hecha con muy buena voluntad sino de imprenta, comprado creo en la librería Armenteros, en la calle Víctor Pradera, un establecimiento pequeño y abarrotado hasta el techo de libros imposibles al que mi padre acudía en busca de obras preferentemente de Alan Kardec editadas por lo general en Argentina o en Méjico que el dueño, Armenteros, creo que se llamaba Jesús, un hombre alto y delgado de aire melancólico y aspecto de médium, iba a buscar a la trastienda porque fuera, en el escaparate y las estanterías que podía ver el público, todo eran vidas de santos y catecismos y biblias ― se colocaba sobre una mesa ― el velador ― que debía, forzosamente, tener tres patas; haciendo coincidir con cada una cada uno de los grupos de letras. Para que no se resbalara al moverse ― la mesa se movía muy deprisa si el espíritu que se manifestaba era muy locuaz o muy vehemente ―, o se le clavaba con chinchetas o se sujetaba con una goma elástica. La adquisición de el velador fue un poquito peripecia porque no había forma de encontrar ― y nos recorrimos todas las tiendas de muebles de la ciudad ― una mesa con tres patas, por un lado, y lo suficientemente ligera, por otro, para que la pudiese mover cualquier espíritu aunque fuese un enclenque. Nos recorrimos desde muebles López, en plan sencillo, hasta las tiendas de antigüedades ― en plan derrochón si no quedaba más remedio ― más emblemáticas. Y cuando tenía el tamaño y el peso adecuados le sobraba una pata, o incluso dos porque nos enseñaron bastantes con cinco; y cuando las patas eran las justas resultaba, oh disgusto, que era o muy grande o muy pesada o ― porque si la tienda era de las muy elegantes el vendedor, dejándose llevar por la idea de que un señor con la prestancia de mi padre tenía que ser rico por fuerza, trataba de endilgarnos algo digno de un salón de casa buena ― llevaba muchas incrustaciones doradas, o medallones, que, como no era propiamente que a mi padre le desagradasen en sí —porque mi padre sentía una inclinación natural por el lujo, pero mi madre, con muchas más salidas y aplomo para soltar cualquier mentira con perfecto aplomo, se solía inhibir y se limitaba en esos casos a actuar de mera acompañante —, se veía en apuros francamente serios para rechazarla porque había la idea, o al menos mis padres y su círculo de amigos lo creían, de que el espiritismo estaba prohibido; y no se podía, por tanto, confesar para qué era la mesa ni dar explicaciones de por qué había de reunir tan determinados requisitos. Dimos al fin, en una tiendecilla un poco de cualquier manera, con una mesa pequeña, de mala calidad y medio jairada, torcida, inclinado el tablero de modo que, cuando no la estaban utilizando para lo que era, el teléfono ― que era el uso para el que se adquirió según la versión que dio mi madre a alguna vecina cotilla ― se iba deslizando poco a poco hasta tropezar con un ligero reborde que no la adornaba. *
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2403107297553
Sin perjuicio de tergiversación extrapolable
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/P/porconsiguiente.pdf … por consiguiente, y sin perjuicio de tergiversación extrapolable más allá de lo permitido y estipulado por las autoridades prosapientes como subyacente a lo que de intramundano fuere aconsejable el detectar – y llegado el caso erradicar – en los comportamientos de la ciudadanía, se deduce, de la cuota líquida resultante de la subversión de los términos medios por los de búsqueda y una vez restados los municipales con sus correspondientes pedanías, que, en solidaridad con los viandantes atrincherados entre seis semanas y cuarenta y dos días de los corrientes ni lectivos ni endosados, el porcentaje de la rentabilidad de la modorra dividido por el multiplicando de diecisiete menos sesenta y tres elevado al quinto elemento decorativo que se guarda en el cuarto trastero bajo llave y sobre la una y media de la tarde si es veneno y las once de la noche estrellada contra la pared del fondo junto al conjunto de perlé amarillo si es contento arrendará – sin perjuicio del derecho de réplica que en tantas ocasiones deniegan los reveses de la vida – las ganancias correspondientes a los méritos de que fuese acreedor el que debiera cursar la petición que irá, como no puede ser menos ni por tanto más comprensible el soterrar, perfectamente grapada con la solicitud y amabilidad consustanciales al humor sea vítreo o acuoso del interesado que, y aunque a nadie le importe todo el mundo lo sabe, es siempre magnífico o, por lo menos, sujeta con un alfiler… 8 de junio de 2017
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2403107297539
Tan lejos, tan de largo
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Y/yqueserade.pdf ¿Y qué será de los días, de las noches y de tantos instantes que al no saberse ni perdidos ni observados se dejarán ir pasando, a sí mismos tan de largo, tan de lejos, tan cansados de que ya nadie los quiera para preguntar “qué hago” o “dónde están mis proyectos” o “qué fue de mi pasado”, que irán poco a poco yendo a parar a algún remanso donde no habiendo quién busque, quién añore o se impaciente, quién sueñe con imposibles o se duerma en los laureles a la sombra de quién sabe qué devenir que no viene ni bien ni mal ni a caballo del después que ya se aleja y un antes que apenas pende del hilo de algún hallazgo que, perdido entre el marasmo, rendido ante la evidencia o atado de pies y manos, ponga pies en polvorosa, meta la culpa en vereda, y libre de pesadumbres y trabas en que se enredan los sueños y los deliquios y se concatenan tercas las penas y las penurias que de tanto en tanto aquejan, se evapore, se disuelva, y se disipe en el tiempo sin dejar de sí más huella que la que ya borró el viento cuando acarició la arena y deje el suyo, su encuentro, su porqué y para qué fuera, a otro nuevo que ya viene como ya llegase él antes tan desnudo de certezas? 28 de agosto de 2012
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2403107297485
Terapia ocupacional
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/T/terapiaocup.pdf Sabía poder asegurar llegado el caso y sin apenas inmutarse que había intentado recordar a veces cuánto tiempo hacía que había dejado de añorar los tiempos en que tuvo una bicicleta azul con la que pedaleaba cada día, en las mañanas de verano, junto al río; pero que ahora, tanto tiempo después, la sensación que lo embargaba era la de que todas aquellas veces abandonó el intento por razones que, mirando hacia atrás, se le antojaban peregrinas o meras excusas para no aplicarse, para no poner en la tarea que se asignaba voluntariamente todo el empeño que hubiera sido necesario para lograr el éxito. Sabía también que siempre que se hacía este tipo de trampas trataba, inmediatamente y sin dejar por ello de atender a lo que estuviese ocupándolo en cada momento, de forzar su memoria hasta evocar aquella tarde de invierno en que escuchó cómo las campanas de la iglesia tocaban a duelo, o el olor de las glicinias color malva en los jarrones que adornaban las consolas colocadas en los extremos de la galería acristalada que daba sobre el parque, o las caras de los desconocidos pegadas al cristal de la confitería o de la agencia de viajes con las manos haciendo pantalla para ver mejor las palmeras y los cocoteros o, y esto también podía saber intentar recordarlo aunque sospechando que inmutándose ya un poco ― siempre y cuando, naturalmente, que llegara el caso ―, la cantidad de mecheros inservibles que se almacenaban en el cajón de las cucharas. Sabía que podría ofrecer una cierta dificultad en cambio ― y esto sí que lo ponía un poco nervioso ― el sentirse en la certeza de estar capacitado para precisar, aunque esperase con la ayuda de ese Dios en el que conservaba un remoto barrunto de no haber dejado nunca de confiar que el caso jamás se presentara, en qué baldosa exacta del cuarto grande, el que estaba siempre vacío a mano derecha al fondo del pasillo al que nada más podía accederse por la estrecha escalera sin barandilla que arrancaba desde el lateral izquierdo del vestíbulo, quedó la pequeña hendidura desportillada que causó el pisapapeles de alabastro aquella tarde de un mes de octubre en que se le cayó de las manos. Sabía que se habría dejado cortar un brazo, aunque no creía que fuese de veras sino nada más por aquella manía de exagerar, aseverando que el impacto había sido muy al borde, muy cerca de la esquina que quedaba más alejada y a mano derecha si él se colocaba enfrente, justo enfrente, del interruptor de la luz que no merecía la pena ni tocar porque la bombilla llevaba, ya por entonces, tres años y dos meses fundida; y que entonces, si bien erguido bajaba con disimulo la mirada, ahí estaba la baldosa, con su pequeña herida; pero que ahora, desde aquí, cuando si alguien se la mostrase separada de todo lo demás o como un objeto cualquiera aislado de qué lo rodeó algún día no albergaría la sombra de una duda de poder afirmar ‟esa es”, no le sería posible ― aunque por fortuna de esto también era aun con una cierta vaguedad consciente por completo de que trataría de subsanarlo tan pronto se presentara la ocasión propicia ―, sin embargo, concretar su ubicación en el lugar de origen ni como punto referencial a la hora de reconocer a cualquiera de las demás baldosas que la rodeaban. Sabía que quiso saber llegados a este punto ― y también curiosamente que aquí, atenazado por el temor de que si no se concentraba se podría como le había ocurrido con tanta frecuencia hacer una pregunta acerca de algo que no le importase en absoluto para encontrarse luego con cualquier respuesta que no iba a interesarle ni tendría idea de dónde colocar ni a qué aplicarla, sí que abandonaba lo que estuviese haciendo ― haber procurado recordar si conocía algún truco para demorarse en tratar de averiguar si existiría alguna trampa con la que poder cubrir el engorroso expediente. Sabía, por último ― y aquí y por fin ya se tranquilizaba y podía sin más problema saber continuar con lo que en cada momento estuviera teniéndolo ocupado ―, que no, que a pesar de todos sus desvelos y afanes no había logrado saber que jamás había hecho el menor intento por recordar si conocía algún truco mediante el cual fuera posible el posponer el intento de desentrañar el enigma de si existiría alguna treta para cubrir el expediente tan engorroso de tener que saber a cada momento y puntualmente si quería o no quería saber recordar algo con absoluta precisión alguna vez. Y sabía también que ahora que ya sabía que sí, que ahora que ya sabía que jamás había sabido intentar recordar no saber nada, justo ahora era ese instante ― y lo sabía, sin haber logrado jamás aprender a olvidarlo ― odioso y puntual, ese maldito instante que se repetía sistemática e inexorablemente todos los días a la misma hora y en el minuto exacto en que terminaba con aquello, justo aquello y ninguna otra de entre centenares de miles de cosas, que estuviera en cada momento teniéndolo ocupado. 18 de octubre de 2010
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2403107296839
Torrentes de catarsis
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/T/torrentesdecatarsis.pdf Torrentes de catarsis inflamadas zumbando en los oídos de los claroscuros que se extienden por debajo de las puertas cerradas con cerrojos de silencio negando que en alguna parte se perdió la lúdica voluntad de escapar de las garras del monstruo que desde el interior de sus entrañas busca alimentarse de la debilidad, el aburrimiento o el olvido de algún tiempo borrando las estelas de los mares anegados en sombra de misterios que delatan, en su mudez, en su arrebolada obstinación profana, la exculpación de venenos que derraman tanta crueldad, tanta inclemente denostación de las tempranas experiencias oscuras en que el alma derrocha, sin pasión, las pálidas rarezas del acaso sumido en el estertor de otro mañana en que ya no, ya nunca ni en venganza, se escucharán las voces de los que, extraviados del error y del fracaso, se entregarán al nuevo despertar que aguarda intacto; y sonarán, entonces y en lo alto, los gorjeos desafinados del infausto, informe desplegar de mil erráticos bandazos a derivas de unos cuantos pasos que se perdieron ambulando del cielo al sol, del acaso al entonces y, desde allí, verán nacer, muriendo entre sus goznes, un ya no más buscarse en los rincones donde no hay, ni queda, ni se guarda, temor de Dios ni de su faz sin rostro. 23 de octubre de 2010
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Un cielo abierto
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/A/abiertoencanal.pdf en canal dejando ver, sin pudor ni dolor, todas sus constelaciones al desnudo desangrándose en millares de millones de estrellas, enanas algunas, tan diminutas pero tan pesadas (otra vez algunas) y, otras, esquivas, huidizas, enormemente grandes y exhibiendo competitivas ellas, todas, infinita variedad de colores peleando, a brazo partido unas y a calzón quitado las más indecorosas, por ser la más brillante, la que se lleve de calle fascinado al más ardiente, enamoradizo o caprichoso, vanidoso, de todos los soles que rutilen por todos los universos que pensables o impensables den cobijo a quien sabe que tipo de mañanas tan, tal vez, distintas de esta nuestra protagonista tan osada o insensata como para aventurarse, así, sin equipaje y hasta a lo peor sin la ropa adecuada, en una inmensidad tan sin fronteras, tan sin vigilancia ni aduanas, que cómo saber ni a quién preguntar dónde queda el límite, la línea divisoria que separa el mundo de los sueños del de la vigilia en que se halla, ella, preguntándose ahora si no le habría resultado más confortable, más seguro, ser una noche cerrada a cal y a tanto canto (de sirenas, pensó, tan juguetona; pero se dijo no estamos para bromas y tú a lo que estamos) que, sin poderlo evitar (lo siento, dijo), no pudieran despertarla aunque se desgañitasen. Y dormir, a pierna suelta y manos atadas a la espalda de un vivir que, sin soltarla ni poder desasirse de él, se le escapa por todos los poros del cuerpo de ese pensamiento del que mana, sin querer, sin pensarlo, sin haberlo elegido, a raudales tan locos que, piensa, parecen querer desintegrarla a base de llevarla y traerla, zarandearla, pasársela como una pelota de unos a otros (ellos, los hijos del grande del que nace), hasta que mareada y sin resuello se desmaye y, deshilachada, hecha girones, se desmalle. Mañana jodía; cabrón vicio cansino que tienes de jugar con las palabras. – ¿Y qué quieres que haga? Dice. Y que son sus amigas, las únicas que tiene. Las que la entienden siempre. –Aunque —dice — no sepa yo a veces comprender qué, ni por qué, a pesar de mí y de mis silencios dicen. *
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Vanguardia
03/10/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/V/vanguardia.pdf Título: Introspección de un despertador sonando a hora intempestiva en un rincón perdido de la más pequeña de las islas Aleutianas encontrado, por pura casualidad y por el chico de la frutería que acudiese a llevar unas manzanas encargadas el día anterior, sobre la repisa de la chimenea del salón de la tía viuda de las de Barbadillo del Alcornocal bajo los efectos de una onda β incidiendo en ángulo de 27º 42” sobre la cara posterior de un espejo convexo. Óleo sobre lienzo. Colección particular. 18 de julio de 2017
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