Una estampa irreal, insólita, como sacada de un sueño, cuatro bestias cabeceando en las cuestas del valle que ya no es valle sino cuestas acostadas en las montañas, cuatro jinetes respirando el aire azul y frío que introducen en los pulmones con gran esfuerzo, para nada, o para casi nada, apenas un breve alivio azul y frío en los pulmones, cabeceando las bestias en las cuestas que llevan a ningún sitio, únicamente blancos contrafuertes vertiginosos tras la niebla blanca que absorbe la respiración de las bestias y la de los jinetes, y la ventisca azul y fría que lo llena todo.
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